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ECONOMÍA

Un acuerdo con grandes retos económicos y sociales

miércoles, 22 de junio de 2016
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Hacer previsiones es arriesgado porque hay dos variables en juego que son cruciales: por un lado, cuál será el contenido preciso del acuerdo y, por otro, qué va a pasar con el ELN. 

El contenido de lo pactado es importante para definir los pasos a seguir sobre el tema del paramilitarismo y sus redes de apoyo, de las zonas de concentración de la guerrilla y del seguimiento del acuerdo. Estos elementos aclararán el camino a seguir para acelerar los procesos de retorno y restitución, garantizar la vida y el espacio político a los reincorporados y lograr una normalización de las fronteras  que en este momento no tienen presencia estatal. 

El acuerdo con el ELN, que no es sencillo, es importante para evitar que intente copar las zonas de disputas, sobre las cuales las Farc vayan debilitando su control político-militar (por ejemplo Arauca, Catatumbo o Cauca). Si bien es obvio que en el tema de justicia transicional el régimen será idéntico al establecido en La Habana, el ELN va a defender su protagonismo en otros puntos clave: participación de la sociedad civil, cambio del modelo económico y manejo de los recursos naturales, aspectos que inevitablemente complican los tiempos y el encuentro con las posiciones del Gobierno. 

Es importante tener claro que el acuerdo sobre el campo en La Habana, centrado en tres ejes (gestión del territorio, ordenamiento social de la propiedad y desarrollo rural con enfoque territorial) es prácticamente el modelo de la Misión Agraria,  aunque con algunas diferencias como los regímenes de alianzas (Zidres). Es decir, la agenda económica de las Farc es mucho menos radical que la del ELN.     

Desde una perspectiva económica, es poco probable que las previsiones de crecimiento cambien de manera significativa por la firma del acuerdo con las Farc. Las únicas posibilidades de lograr una aceleración son a través de un cierre de la brecha urbano-rural o de un incremento drástico de la diversificación de la economía. El fin del conflicto es obviamente un ingrediente importante para cambiar el rumbo del campo, pero no es condición suficiente para alcanzar esos objetivos, ya que se requiere un marco novedoso de políticas industriales y sectoriales.

Sobre el tema social, y asumiendo que aplique el escenario positivo respeto a las dos variables mencionadas, es posible finalmente llegar a un arreglo (ojalá una solución) del terrible problema del desplazamiento. Esto permitiría terminar con la expansión de la frontera interna y trabajar sobre el tema del desarrollo rural. 

Para que esto sea posible, hay que abandonar la centralidad de los subsidios focalizados e ir hacia políticas de diversificación de las economías rurales. Otro replanteamiento tiene que darse en el tema de la reubicación urbana, donde los macroproyectos en curso pueden potencialmente volverse explosivos si se permitiera un flujo sostenido de excombatientes y complicar a futuro los procesos de integración.  

En general, es probable que se incrementen las demandas sociales y las presiones presupuestales para financiarlas: es bueno que el Gobierno no confíe solo en las ayudas internacionales.

Francesco Bogliacino
Profesor Ciencias Económicas Unal

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