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En la colonia se crearon tres tribunales de cuentas para organizar el sistema fiscal que estaban ubicados en México, Lima y Santa Fe
El origen de los impuestos en Colombia se encuentra en las culturas indígenas, que debían pagar una especie de tributo a sus caciques de acuerdo a lo que producían. Esto significa que parte de cultivos como papa, yuca o maíz debían ser entregados a los líderes indígenas. Los conquistadores también contribuyeron a la formación de un sistema tributario con la firma de las capitulaciones, un contrato entre Cristóbal Colón y la Corona Española, en el que se establecieron las partes que le corresponderían a Colón y a la colonia sobre lo conseguido en los viajes. Por eso, impusieron a los indígenas unos tributos representados en metales y cultivos. Incluso, en la colonia se crearon tres tribunales de cuentas para organizar el sistema fiscal que estaban ubicados en México, Lima y Santa Fe.
Durante la colonia se crearon otros impuestos. El diezmo, destinado al culto católico; la alcabala, que era un impuesto a las ventas; las aduanas, que eran los derechos de importación y exportación de productos; y los estancos, que eran los monopolios de producción y venta del Estado de tabaco, aguardiente y sal.
Uno de los personajes más importantes en el desarrollo del sistema tributario colombiano fue Pedro Gual, gobernador civil de la Provincia de Cartagena, quien desmontó el régimen colonial. En 1821, mientras era ministro de Hacienda, se instituyó la tributación directa como la forma más eficiente para el recaudo. Se crearon el impuesto predial, el impuesto sobre la renta y el de industria y comercio, entre otros.
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