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Impacto de El Niño por sectores en América Latina
La calificadora explicó que los países ubicados a lo largo de la costa del Pacífico y los corredores andinos son los más expuestos
El Fenómeno de El Niño, cuyo inicio fue confirmado por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, Noaa, plantea riesgos crediticios de amplio alcance para el sector del transporte en América Latina y podría ejercer presión sobre los perfiles de calificación en varios subsectores, según advirtió Fitch Ratings.
La calificadora explicó que los países ubicados a lo largo de la costa del Pacífico y los corredores andinos son los más expuestos, pues las fuertes lluvias e inundaciones asociadas al fenómeno aumentan el riesgo de daños físicos e interrupciones operativas en la infraestructura de transporte. Aunque los daños materiales suelen estar cubiertos por seguros, las interrupciones del servicio sí se traducen en caídas de ingresos.
A ese riesgo operativo se suma uno de demanda, teniendo en cuenta que el impacto de El Niño sobre la producción agrícola podría reducir los volúmenes de carga en los corredores con alta actividad agropecuaria.
Entre los subsectores analizados, las autopistas de peaje son las más vulnerables. Fitch Ratings señaló que su dependencia del tráfico de productos agrícolas las deja más expuestas a fenómenos climáticos extremos. En Brasil, las autopistas con alta exposición al sector agroindustrial enfrentan un riesgo elevado de demanda por cuenta de un periodo de siembra más corto en la temporada 2026-2027 y por la reducción de la navegabilidad de los ríos del norte del país, que podría afectar los volúmenes de transporte de granos.
A su vez, la calificadora recordó que la sequía de 2024 en el Centro-Oeste brasileño ya ofreció un anticipo de ese mecanismo, al presionar las cosechas de granos e impactar indirectamente el tráfico vial, lo que en su momento llevó a Fitch a tomar medidas de calificación negativas.
Los puertos marítimos, aeropuertos y ferrocarriles comparten la exposición a daños físicos, pero con un riesgo de volumen más acotado. En el caso de los puertos, las lluvias intensas y las inundaciones afectan las vías de acceso y elevan las necesidades de dragado y mantenimiento. Sin embargo, la mayoría de terminales en Latinoamérica manejan bases de carga diversificadas que reducen su dependencia de un solo producto.
La excepción más notable son los puertos peruanos, que podrían enfrentar algunos de los impactos regionales más severos, incluyendo inundaciones costeras y marejadas ciclónicas, agravados por su concentración en exportaciones agrícolas perecederas como frutas y verduras.
De acuerdo con Fitch, el Canal de Panamá tiene una exposición particular: una reducción de las precipitaciones en la cuenca del lago Gatún podría bajar los niveles de agua, lo que generaría restricciones de calado y presión sobre los ingresos. No obstante, señala que las lluvias registradas durante la reciente temporada seca, entre diciembre y abril, ayudaron a llenar los embalses, lo que sugiere que el canal cuenta con margen para absorber eventuales condiciones de sequía asociadas a El Niño.
Por otra parte, los aeropuertos podrían ver afectados los volúmenes de carga aérea en mercados con alta exposición agrícola, aunque el tráfico de pasajeros actúa como amortiguador de la sensibilidad crediticia. De hecho, en el Caribe el panorama puede ser favorable porque El Niño suele reducir la actividad de huracanes en el Atlántico, lo que podría impulsar el turismo y abrir una ventana para labores de mantenimiento y reparación.
Los ferrocarriles, por su parte, son el subsector con menor riesgo de ingresos, dado que conservan una ventaja estructural en la demanda incluso durante interrupciones en las cosechas.
Frente a ese panorama, Fitch destaca que distintas protecciones estructurales mitigan en parte el impacto crediticio y, teniendo en cuenta que los eventos climáticos asociados a este fenómeno pueden ser clasificados como casos de fuerza mayor en muchas concesiones de infraestructura, se activarían mecanismos de reequilibrio financiero.
Para el caso colombiano, la calificadora destacó que las concesiones de autopistas de peaje estructuradas bajo el programa de cuarta generación 4G ofrecen una capa adicional de protección, pues los ingresos por peaje están respaldados por un valor presente neto mínimo garantizado y el otorgante compensa los déficits de recaudación en un periodo móvil de cinco años.
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