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Julián Buitrago, director del DNP
Julián Buitrago, director del Departamento Nacional de Planeación, se refirió a los tiempos que tiene la entidad para la construcción de la ruta del cuatrienio
La cuenta regresiva para la estructuración del Plan Nacional de Desarrollo del Gobierno del presidente Abelardo de la Espriella ya comenzó. La nueva administración deberá presentar las bases del documento el 6 de noviembre ante el Conpes ampliado y, el 15 de noviembre, ante el Consejo Nacional de Planeación. Por su parte, el articulado se presentará al Congreso en febrero de 2027.
El documento tendrá siete ejes, que abarcan desde la reconstrucción de las zonas afectadas por el terremoto del pasado 10 de agosto y los incendios forestales que arrasaron cientos de miles de hectáreas, hasta la seguridad y la reactivación económica. El Gobierno también se ha fijado la meta de alcanzar un crecimiento de 6% antes de que termine el cuatrienio.
En el marco de la mesa regional Centro Sur para la elaboración del Plan Nacional de Desarrollo, Julián Buitrago, director del Departamento Nacional de Planeación, DNP, explicó a La República que se han identificado más de 320 macroproyectos regionales, que requerirán una inversión pública y privada de $520 billones.


Las mesas han salido muy bien. En Cúcuta tuvimos una participación muy amplia y estuvimos en Ibagué, también con una asistencia importante: cuatro gobernadores y más de 50 alcaldes. El ejercicio ha sido muy bien acogido, con una participación muy buena y muchas propuestas. Creo que la gente está participando con entusiasmo y eso va a hacer que este Plan sea muy distinto a los anteriores.
Por eso mismo estamos recorriendo todo el país. Vamos a hacer 13 mesas en total y la idea es que de cada encuentro regional salgan propuestas muy concretas para los ejes. Con ellas vamos a nutrir el Plan Nacional de Desarrollo.
Creemos que hay unos megaproyectos que pueden tener impacto regional y nacional, pero que requieren la participación de todos los sectores. Hay una realidad y es que las finanzas públicas están en un estado muy frágil. Todos los recursos que se necesitan para esos megaproyectos no pueden provenir solamente del Presupuesto General de la Nación, que ya sabemos que tiene muchas restricciones.
Necesitamos la participación de la inversión privada, de inversionistas extranjeros y del crédito multilateral porque solo con una canasta de recursos se pueden llevar a cabo esos megaproyectos.

Son alrededor de 320 macroproyectos regionales que sumarían unos $520 billones entre inversión pública y privada. Obviamente, no todos se pueden ejecutar porque tenemos una restricción importante en materia de recursos. Pero, más que priorizar proyectos, aunque también lo estamos haciendo, nos interesa identificar la ruta crítica en materia de regulación.
Estamos trabajando especialmente en dos temas muy importantes: la consulta previa, para agilizar sus procesos, y las licencias ambientales.
Esos dos asuntos son fundamentales para acelerar la ejecución de los proyectos. El Gobierno Nacional está trabajando en ellos y creemos que pueden ayudar a destrabar muchas iniciativas que se han planteado desde hace años, pero que no se han podido ejecutar por razones regulatorias.
Lo primero es que cambia totalmente la concepción del Plan Nacional de Desarrollo. En este momento, el primer eje de los siete que tiene el Plan es el capítulo de reconstrucción y resiliencia.
Y no se trataba únicamente del terremoto. Cuando estuvimos en Ibagué, por ejemplo, vimos que lo ocurrido con los incendios forestales también había sido un desastre: más de 60.000 hectáreas quemadas y muchísimos campesinos que lo habían perdido todo.
Entonces, ese capítulo de reconstrucción aplica para todo lo que tenga que ver con desastres naturales porque el país tiene que prepararse para fenómenos climáticos cada vez más extremos. Lo que tenemos que hacer es blindarlo y darle herramientas para que la respuesta sea mucho más oportuna y efectiva.

El primero de los siete ejes es, claramente, reconstrucción, transformación y resiliencia por todo lo que pasó desde el primer día hábil de Gobierno, cuando nos encontramos con el terremoto y tuvimos que replantear todo el Plan.
El segundo es el patriotismo constitucional, que consiste en llevar nuevamente seguridad a los territorios y proteger las instituciones. Sabemos que en el último cuatrienio, por diversos motivos, los grupos armados tomaron mucho poder. Eso tenemos que frenarlo y debemos llevar nuevamente la fuerza legítima del Estado al territorio, recuperarlo y blindar las instituciones.
El tercer eje es el milagro social. Se refiere a todo lo que hace el Estado para mejorar la calidad de vida de los colombianos: una mejor nutrición, salud y la recuperación de un sector que estuvo muy golpeado durante los últimos cuatro años. También comprende la prestación de mejores servicios públicos, una mayor cobertura y el cierre de brechas, llevando servicios a los lugares donde hoy no los hay y no existe cobertura de acueducto.
El cuarto es el milagro económico, que consiste precisamente en reactivar los seis sectores estratégicos y llevar inversión a los hidrocarburos y la minería, sectores que, por razones ideológicas, fueron muy maltratados o prácticamente olvidados durante el cuatrienio anterior.
También tendremos una intervención especial en la construcción, un sector que viene cayendo durante los últimos 12 trimestres consecutivos. Sabemos que en el último cuatrienio desaparecieron los subsidios de vivienda: pasamos de 113.000 subsidios en 2022 a 500 en 2026.
A esto se suma el tema energético. Ahí tenemos otro dato: de los megavatios que debían entrar al sistema para garantizar la soberanía y la seguridad energética, solo ingresó 20%. Sabemos que los proyectos eólicos que había en La Guajira no salieron adelante y que muchos de los proyectos que estaban en el pipeline no llegaron a buen puerto.
Entonces, necesitamos hacer todo lo posible para que llegue inversión al sector energético, tengamos una oferta adicional de megavatios y podamos estar tranquilos. Hoy, con el fenómeno de El Niño, estamos haciendo fuerza para que el país no se apague.
En materia de turismo, que es muy importante para fortalecer las regiones, hay que llevarles seguridad y servicios públicos para que lleguen visitantes extranjero. Un turista de otro país no va a una región donde no hay servicios públicos, electricidad ni agua potable. Por eso, la inversión para llevar redes de servicios públicos a las regiones apartadas tiene dos propósitos: cerrar brechas y fortalecer el turismo, que es tan importante para atraer recursos al país.
Otro de los sectores es la agroindustria. El Presidente tiene la obsesión de desarrollar la Altillanura. Creemos que puede convertirse en la despensa no solo del país, sino también de la región. Pero para desarrollarla necesitamos construir vías y llevar conectividad.

La oposición nos ha cuestionado porque la inversión no crece, pero venimos de un cuatrienio en el que el gasto de funcionamiento se disparó 70%. En 2022 teníamos $210 billones en gastos de funcionamiento y este año son $360 billones, mientras que los recaudos de este año apenas llegarían a $290 billones. Entonces, solamente en funcionamiento ya hay un desfase de $70 billones. Con la tendencia de crecimiento del gasto de funcionamiento, las finanzas públicas no eran sostenibles.
Este Gobierno tiene el firme propósito de adelgazar el Estado y llevarlo a sus justas proporciones para darle espacio a la inversión. Pero hay que hacer un trabajo importante: detener ese gasto que es totalmente inoficioso y que nos está llevando a unas finanzas públicas insostenibles. Tenemos que ajustarnos para poder crecer 6%. Si no ajustamos el gasto para darle espacio a la inversión, es imposible que la economía crezca.
Esperamos alcanzarla antes porque lo más importante para que la economía crezca es la confianza. A través de todo lo que está haciendo el Presidente, llevando seguridad y construyendo el Plan Nacional de Desarrollo desde los sectores, buscamos que estos sientan que son escuchados y que sus proyectos van a ser tenidos en cuenta.
Creo que la confianza y la seguridad son los dos ingredientes principales para que vuelva la inversión y para que la gente sepa que sus recursos tendrán garantías, que sus inversiones podrán ser exitosas y que hay un Estado y un Gobierno detrás, precisamente, creando las condiciones para que puedan prosperar esos proyectos productivos.

Estamos trabajando en toda la estructuración, los manuales y la priorización de los proyectos. Es muy importante que el país sepa que ese fondo se va a manejar con todo el profesionalismo y con criterios claros, procurando ahorrar recursos. Una de las preguntas que ya había planteado el Congreso era si la plata se iba a gastar en burocracia. La respuesta es que no.
Una de las primeras directrices del Presidente es que todos los recursos se destinen a la reconstrucción, que los gastos sean mínimos y que todo se supervise y ejecute con lupa. Él quiere tener supervisión directa sobre todo lo que se ejecute porque no podemos permitir que los recursos se desvíen o se pierdan. Todo debe someterse a una revisión minuciosa.
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