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Encontramos empresas con altas pérdidas y caídas en sus ingresos, que pueden seguir siendo sujetos de crédito si han logrado adaptarse

Tatiana Arango M. - tarango@larepublica.com.co

La llegada del coronavirus y las medidas adoptadas para su contención han alterado los cimientos económicos y empresariales, no solo del país, sino a nivel mundial. A pesar de las estrategias y decisiones económicas tomadas por los gobiernos, el impacto fue de tal magnitud que se prevén altos riesgos de incremento de insolvencias y liquidaciones de empresas. Sin embargo, la economía debe continuar y el acceso al crédito será clave en esta reactivación.

Considerando lo anterior, Esteban Ospina, jefe de Riesgos de la aseguradora de crédito Solunion Colombia, comenta los cambios y adaptaciones que su modelo de análisis de riesgos y crédito ha tenido, con el fin de evaluar esta nueva realidad.

¿A qué se dedica Solunion? ¿En qué consiste su actividad?

Solunion es una joint venture participada a partes iguales por Mapfre y Euler Hermes, esta última perteneciente al Grupo Allianz. Operamos en España, Colombia y hasta 16 países de América Latina. Nuestro producto principal, el seguro de crédito, cubre las ventas a crédito realizadas por una empresa a compradores domiciliados en el país o en el exterior.

En 2019, se aseguraron operaciones de crédito entre proveedor – cliente por $17 billones y US$1.872 millones en ventas al exterior, lo cual da cuenta de la relevancia que el crédito empresa - empresa tiene en la economía, además del crédito tradicional otorgado por entidades bancarias, cooperativas financieras y compañías de financiamiento.

¿Cómo golpeó la pandemia a las empresas colombianas?

La capacidad financiera de las empresas se ha deteriorado de forma acelerada. En términos de ventas, para el primer trimestre, las ventas aseguradas venían creciendo a un ritmo de 17%, evidenciando el dinamismo económico del país. Sin embargo, con la llegada de la pandemia, el crecimiento en ventas se acerca a 1% a cierre de agosto, con meses como abril, donde la caída en las ventas reportadas estuvo cercana a 30%. Adicionalmente, las empresas que han llegado a situaciones de iliquidez de tal magnitud que han empezado a incumplir los plazos de pago con sus proveedores, han incrementado 31% en lo corrido del año, pero con una tendencia preocupante entre junio y agosto, donde este indicador se ha incrementado hasta 88%. Estos casos pueden ser manejados y establecer acuerdos de pago para lograr una recuperación de corto plazo, pero es importante resaltar que las empresas que han decidido acogerse a la Ley de Insolvencia Empresarial, amparándose bajo el Decreto 560 de 2020, han registrado un aumento significativo, presentándose en este lapso más de 400 solicitudes de insolvencia. Es por ello que se estima que 2020 sea el año con más procesos de reorganización aceptados por la Superintendencia de Sociedades, donde las posibilidades de recuperación del crédito en el corto plazo son muy bajas.

Con este nuevo escenario, ¿cómo ha cambiado su modelo de riesgo para avalar nuevos créditos?

Desde el inicio del confinamiento hasta ahora, la información financiera histórica y el análisis financiero tradicional han tenido que ceder importancia dentro de la evaluación a la posición de caja y liquidez de las empresas y la capacidad de las mismas para adaptarse a este nuevo entorno. En este sentido, lo primero es evaluar en qué posición llegó la empresa a la cuarentena, si lo hizo fortalecida o con signos de debilidad que la hacen más vulnerable a sucumbir ante el impacto de la pandemia. Luego, es necesario entender que los tradicionales indicadores de crecimiento y rentabilidad no serán un factor común. Así, encontramos empresas con altas pérdidas y caídas en sus ingresos, que pueden seguir siendo sujetos de crédito si han logrado adaptarse y proteger el factor más relevante en estos momentos, su flujo de caja, a través de aplazamiento de inversiones, reperfilamiento de deudas, reducción de costos y gastos, entre otros, que las harán sostenibles y con capacidad para cumplir con sus compromisos en el corto plazo.

Adicionalmente, un factor que cobrará mayor relevancia es la cercanía con el deudor, así como tratar de conocer información cualitativa que puede no verse reflejada en los estados financieros, como los alivios gubernamentales a los que ha accedido, las negociaciones de plazo que ha obtenido con sus acreedores, los pedidos de compra confirmados de sus clientes, qué estrategias ha implementado para optimizar su capital de trabajo, si tiene líneas de crédito disponibles en bancos, etc. Es decir, un análisis detallado de la empresa como un proyecto, más que un análisis financiero tradicional.

En ese nuevo modelo, ¿está fluyendo el crédito de la manera necesaria para reactivar la economía?

Es muy común encontrar esta frase circulando por las empresas y más en esta época: “Un banquero es alguien que te presta un paraguas cuando hace sol y te lo quita cuando llueve”. En nuestro caso, no somos banqueros pero nos dedicamos al análisis y cobertura de los créditos empresariales. Somos conscientes de que el crédito es un circulo virtuoso que hace mover la economía y, sin este, no tendremos una reactivación como necesitamos. Esto implica que el crédito se sigue otorgando a pesar de las circunstancias, pero con una tarea adicional que supone conocer en detalle la empresa deudora y no solo quedarse en unas hojas de balance y estado de resultados que hoy, pueden decir poco del presente y futuro de la empresa.