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miércoles, 27 de noviembre de 2013
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La forma como se distribuye porcentualmente la participación de investigadores con doctorados entre el Gobierno, las empresas, las instituciones de educación superior y las organizaciones privadas sin ánimo de lucro, permite evidenciar un hecho que explica, en buena parte, la brecha numérica de patentes y el por qué ese concentra la investigación en ciertas áreas de innovación en Colombia.

En el año 2007, el 8.7 % de los investigadores estaban relacionados con el Gobierno, el 2.5% lo estaban con las empresas, el 80.5% con las instituciones de educación superior y el 8.4% con organizaciones privadas sin ánimo de lucro. En Brasil, en 2004, el 26.3% de los investigadores estaba en las empresas y el 65.9% e n educación superior. En Canadá el 61.8% se encuentra en empresas, el 6.9% en el Gobierno y el 31% en educación superior.

En Estados Unidos el 3.8% está en el Gobierno y el 14.7% en educación superior. Para el año 2007, el 80.5% de investigadores en ese mismo país se concentraba en las empresas. En Colombia, en el año 2008, el 82% de los investigadores estaban vinculados a instituciones de educación superior y el 3% a las empresas. En el año 2006, la USPTO le otorgó al país 7 patentes; sólo dos de ellas estuvieron directamente relacionadas con instituciones de educación superior. En ese mismo año, de las 4.094 patentes otorgadas a Canadá por la USPTO, en más de 1.200 hubo participación de instituciones de educación superior.

Lo mismo ocurrió con Estados Unidos en Estados como Massachusetts, al que le fueron otorgadas 4.369 patentes en 2006. Las instituciones de educación superior tuvieron relación con más de 1.400 de esas patentes que, en un alto porcentaje, fueron el resultado de investigación aplicada. En el año 2005, la USPTO concedió a Canadá 3.177 patentes. A Colombia le fueron otorgadas 10. El número de artículos en revistas indexadas fue de 2035, situación que plantea una diferencia significativa entre el número de artículos y las patentes concedidas y desarrolladas.

La investigación en Colombia no se ha podido diversificar como ha ocurrido en Estados Unidos, Finlandia, Japón, Corea, Alemania, Israel o en el Reino Unido. Eso no ha sucedido propiamente por falta de investigadores, reconociendo que hay un déficit, sino por falta de laboratorios. En su mayoría, las patentes otorgadas a la inventiva colombiana están asociadas a innovaciones incrementales, diseños industriales, modelos de utilidad y, excepcionalmente, con innovaciones radicales. El mayor porcentaje de artículos en revistas indexadas está relacionado con la medicina, la ingeniería, la agricultura y las ciencias biológicas.

El Departamento de Botánica de la Universidad de Aarhus en Dinamarca, el Jardín Botánico de ARHUS (Botanisk Have) fundado en 1875, y el herbario con plantas recolectadas en la América tropical, son un ejemplo de lo que ha hecho un país comprometido con la investigación básica; estudiando y clasificando los ecosistemas transfronterizos, la diversidad biológica en la región neotropical y las especies de plantas vasculares en Sudamérica. Todo eso, con resultados tangibles sobre la biodiversidad de especies económicamente importantes en los Andes tropicales. Podemos decir que nosotros todavía estamos muy crudos en la forma de valorar nuestros ecosistemas. Ya se cumplieron 230 años de los primeros pasos de la Expedición botánica que, en su momento, fue un proyecto exploratorio, concebido para realizar un inventario, descripción y clasificación de la naturaleza del virreinato de Nueva Granada.

La Expedición se inició en 1783 y, durante 33 años, sobrevivió a las agitaciones y a la inestabilidad de la época. Además de José Celestino Mutis, se destacaron miembros participantes como Eloy Valenzuela, Pablo Antonio García, Francisco Antonio Zea, Jorge Tadeo Lozano, Francisco José de Caldas y José Mejía Lequerica, entre otros. El reconocimiento al sabio Mutis, a sus discípulos, a comisionados como Fray Diego García y a los herbolarios que recolectaban las plantas, debió ir más allá de la MUTISIA CLEMATIS y de la reproducción de los notables dibujos de Francisco Javier Matís sobre anatomías florales o disecciones de las flores.

En 1802, el profesor Zea, que había trabajado como Segundo Agregado de la Expedición Botánica de Santa Fe, planteó la necesidad de organizar granjas experimentales y consolidar un modelo de agricultura científica redefiniendo parte de los alcances de la Expedición botánica. Fue sucesor del “Botánico de la ilustración”, Antonio José de Cavanilles, en la dirección del Jardín Botánico de Madrid y su enfoque visionario y práctico sobre la botánica como fuente de desarrollo, se resume en su discurso “Acerca del mérito y de la utilidad de la botánica” y en sus propuestas de enseñanza agrícola recogidas por la Real orden de Enero de 1806, para la creación de 24 establecimientos botánicos y la formación de sus directores, en la que el naturalista denominó la “Botánica Conquistadora”.