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El desarrollo a través de la educación

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Víctor Manuel Saavedra Consultor Fedesarrollo

El 2019 fue el año de mayor crecimiento en Colombia en cinco años, el mejor de las economías grandes de América Latina. Se proyecta que esto continúe en 2020. La gran pregunta que deja este desempeño es si es sostenible la recuperación económica en el mediano plazo. Es poco viable si olvidamos la principal palanca del desarrollo: la inversión en educación y ciencia.

El país todavía está muy rezagado en el ingreso por habitante frente a los países de mayores ingresos en la región como Chile, Panamá y Uruguay donde el nivel es entre dos y tres veces superior al colombiano. Si seguimos creciendo como lo estamos haciendo en este momento nos va a tomar cuarenta años llegar al nivel de ingreso actual de Uruguay. Tomaría aún más tiempo llegar a este nivel si el crecimiento no se consolida. ¿Cómo impulsar el crecimiento?

El periodo 2014-2020 cerrará como el periodo de menor crecimiento en la región en cuarenta años. El país no puede depender de factores externos y tiene que apostarle a la productividad. En los últimos veinte años el país les ha apostado a tres grandes procesos internos: aumentar la inversión al mejorar la seguridad a partir del plan Colombia y la seguridad democrática, mejorar la productividad invirtiendo en infraestructura a través de las 4G, y tener un bono económico por la paz. Es el momento de pensar en una iniciativa similar en dimensión en educación y ciencia.

¿Por qué es tan importante? Si Colombia tuviera los niveles de desempeño en lenguaje y matemáticas promedio de la Ocde para la educación básica se podría crecer entre 1 y 2 puntos adicionales por año. Las inversiones en educación inicial tienen tasas de retorno superiores a cualquiera otra inversión pública, y en educación básica y superior son mayores que las de invertir en infraestructura. Todo lo anterior se complementa con el desarrollo de habilidades en función de las necesidades del mercado laboral.

Hace seis años un grupo de jóvenes impulsamos una iniciativa que se denominó Todos por la Educación. El principal objetivo de la iniciativa era que la educación fuera la primera prioridad nacional. Debo decir que no lo logramos. La apuesta por la educación debería tener los niveles de estructuración, discusión política, asignación presupuestal que tuvieron las otras grandes apuestas de los últimos veinte años. Aquí tendríamos menor oposición y sería la mejor respuesta a las movilizaciones.

El Gobierno tiene en la ministra de educación una persona con gran experiencia dentro del sector. No obstante, no tenemos el nivel de consenso social y político necesario para tener las grandes discusiones del sistema: reformar el estatuto y mejorar la evaluación y formación de los profesores; pensar en las habilidades del futuro; en primera infancia aumentar el presupuesto del Icbf y mejorar la enseñanza de competencias socioemocionales; en educación superior reformar el estatuto de los profesores de las universidades públicas, tener recursos nuevos asociados a desempeño, diseñar modelos de financiación contingente al ingreso y controlar los programas de mala calidad; reformar el SENA y la formación técnica para que sea pertinente; y un largo etcétera.
La educación le sirve a una sociedad para mucho más que para crecer, pero es una apuesta de país como motor de desarrollo que no hemos hecho y que nos urge hacer.

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