Analistas

Las finanzas de Bogotá

La actual administración de Bogotá no es propiamente un modelo de virtudes gerenciales. Eso está claro. Lo que los bogotanos no tienen tan claro es que su lamentable desempeño administrativo se refleja en un desastroso deterioro de las finanzas públicas de la ciudad, que va a dificultar la tarea al próximo alcalde, sea quien sea. 

A pesar de el recaudo del impuesto predial casi se triplicó entre 2008 y 2014, los mayores ingresos no han dado abasto con un gasto cuyo crecimiento anual más que duplicó el del recaudo. Entre 2013 y 2015 los ingresos del Distrito crecieron casi $1 billón, mientras que los gastos lo hicieron en $4,5 billones. 

Como consecuencia el resultado fiscal pasó de ser superavitario en 0,4% del PIB de Bogotá en 2011, a un déficit que puede superar 2% del PIB en 2015. Así, el servicio de la deuda pasaría de $280.000  millones anuales a $680.000 millones en el mismo periodo. Esto sin haber iniciado todavía la construcción del esperado metro. 

¿Cómo un incremento tan importante en el recaudo se vio acompañado de este deterioro en las finanzas públicas? La actual administración se ha dedicado a gastar. Por una parte, casi triplicó el presupuesto en rubros de dudoso impacto social pero alto componente de nómina, de $430.000 millones en 2009 a $1,2 billones en la actualidad. 

Aún más preocupante, los desequilibrios financieros de hospitales demandan cada vez mayores transferencias, superiores a $700.000 millones, sin que se refleje en una mejor calidad del servicio. Así mismo, los balances de Transmilenio actualmente cuestan al Distrito cerca de $700.000 millones. 

No todo ha sido mayor gasto, también ha habido recortes; el gasto en seguridad se redujo aproximadamente 30% durante la actual en administración.

Este ritmo de crecimiento del gasto no es sostenible. El potencial para incrementar los ingresos es limitado. Los bogotanos difícilmente pueden soportar un mayor crecimiento en el avalúo catastral, por lo que el impuesto predial probablemente ya llegó a su límite. 

Adicionalmente, la ciudad no va a ser ajena a la desaceleración económica. Este año y el próximo van a ser difíciles, y esto se va a ver reflejado en un menor crecimiento del recaudo de ICA.

El próximo alcalde va a tener el reto de poner en orden las finanzas públicas de la ciudad, garantizando su estabilidad y sostenibilidad, a la vez que se llevan a cabo necesarias inversiones en infraestructura y seguridad.  

Esto requiere de un manejo serio que limite el crecimiento del gasto, focalice los egresos actuales, combata el gasto ineficiente y lo reemplace con inversiones de mayor calidad e impacto sobre el bienestar de los bogotanos. 

Los ingresos de la ciudad subirán de la mano de una mayor inversión privada y una actividad económica vigorosa, con una administración distrital que no sea enemiga de los empresarios, que en lugar de combatir la construcción la promueva. Se debe combatir la evasión y generar mecanismos innovadores para financiar las grandísimas necesidades en infraestructura. 

Es preciso corregir las fuentes de desangre para las finanzas públicas reformando los hospitales para hacerlos eficientes y sostenibles; logrando que el sistema de transporte público sea viable desde el punto de vista financiero y reduciendo la corrupción. Sin esto, ningún plan de gobierno es viable. La responsabilidad del próximo alcalde en materia fiscal es tan importante como las demás promesas de campaña.