Analistas

Inversión para crecer

El que la economía colombiana haya crecido 2,5% en el primer trimestre del año, y probablemente vaya a crecer a una tasa similar en el año completo, es razonable considerando el estado de la economía mundial. La demanda mundial permanece deprimida y los precios de los commodities continúan en niveles muy por debajo de los observados hace un par de años. 

Lo que resulta verdaderamente preocupante es que este crecimiento esté siendo jalonado exclusivamente por el consumo, que creció 3,4% en el primer trimestre, mientras que la inversión se contrae. La formación bruta de capital fijo cayó casi 5% en el primer trimestre del año; las caídas más grandes se concentraron en equipos de transporte y maquinaria. 

La caída en la inversión tiene un efecto perverso sobre la economía que se extiende en el tiempo, haciendo más difícil la recuperación de este periodo de desaceleración. Gran parte de la caída se concentra en el sector petrolero, donde los bajos precios reducen la viabilidad de proyectos de exploración y producción. El problema es que la menor inversión en exploración hoy se traduce en menores reservas y menor producción en unos años. 

Pero el problema no se limita al sector petrolero. Algo similar se observa en la industria, donde las importaciones de bienes de capital cayeron 39% en el primer trimestre. Este sector ha exhibido un comportamiento mediocre ya por varios años, y actualmente su crecimiento se explica principalmente por la Refinería de Cartagena. La depreciación del tipo de cambio no tuvo el efecto positivo que se esperaba para el sector, y por el contrario se ha visto perjudicado por haber incrementado la participación de insumos importados. Sin un incremento en la inversión que promueva la innovación e incremente la productividad del sector, este difícilmente será competitivo. 

El problema no es este año ni el próximo, que ya se descuenta van a ser regulares. El problema son los siguientes 10 años, para los cuales se requiere que la inversión privada sea un dinamizador de la actividad económica. 

Los periodos de desaceleración suelen ser periodos que promueven la adaptación y la innovación; y mientras algunas empresas sufren, las que quedan suelen ser las que se transformas y son más productivas. El crecimiento de largo plazo depende del sector privado y de su capacidad de transformación, no del gasto público. 

Es por esto que el estímulo del gobierno debe venir de un sistema tributario que sea amigable con la inversión y promueva la innovación, y no de uno que busque gravar más el emprendimiento privado para financiar un elevado nivel de gasto. 

Los desequilibrios fiscales actuales indican que el gobierno va a buscar recaudo adicional por al menos 1,5% del PIB el año que entra. Las alternativas para obtener estos recursos son limitadas: modificar IVA y/o renta. La tarifa actual de renta para el sector corporativo es muy elevada (43%), por lo que difícilmente se puede incrementar, y por el contrario debería reducirse. 

Si queremos un sector privado competitivo, se debería buscar reducir la carga tributaria para las empresas, con miras a incrementar su inversión. Esto puede tener un costo fiscal en el corto plazo, pero se paga en el mediano plazo con crecimiento económico. El sector privado es el único que tiene la capacidad de crear empleo y jalonar la actividad económica de manera sostenible. La inversión privada es fundamental para crecer. Con menos impuestos (y menor gasto público), el sector privado podría invertir más.