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Hay personas que llevan 20 años viviendo en el futuro. Y no está mal. Pero lo que hacemos muchas veces es pensar desde el deseo futuro: “cuando compre mi casa seré feliz”, “cuando finalice mis estudios tendré un mejor trabajo”, “cuando cambie mi personalidad llegará la pareja de mi vida” y muchas otras frases llenas de mucha ilusión, pero también de mucho autoengaño. En ocasiones creemos que el punto de partida es desde donde queremos iniciar, pero qué falta nos hace el reconocer dónde estamos hoy. Eso mismo sucede en el tapete de yoga: Aceptar cómo estoy hoy, dónde estoy hoy y qué soy capaz de hacer me permite ser consciente del camino, me permite decidir cómo voy a fluir y cómo voy a ajustar cuando se presente algo retador.
Ojo, estamos hablando de posturas de yoga, pero extrapolémoslo a la vida real. ¿Tiene un gran proyecto en el trabajo? Reconozca dónde está hoy. Para eso existen los análisis Dofa, que numeran las debilidades, oportunidades, fortalezas y amenazas en una estrategia empresarial. Pero qué grandes historias de ficción se han escrito en esos Excel de Dofa. La principal razón es que los formatos se llenan desde donde usted quiere estar, no desde donde parte.
Este es un concepto muy poderoso. Pensemos ahora en nuestras decisiones cotidianas: Nadie invertiría millones en una empresa partiendo de cifras falsas o ningún director financiero debería hacer un presupuesto con ingresos inventados. Entonces, ¿por qué lo hacemos con nuestra vida? Es común que sobreestimemos nuestras fortalezas, minimicemos nuestras debilidades, ignoremos las amenazas y desperdiciemos las oportunidades. Y después nos sorprende que el plan no funcione.
Pero aceptar el punto de partida no significa decir: “así soy y no voy a cambiar”. Lo que realmente quiere decir es “este es el material con el que voy a trabajar hoy”. Esta aceptación, que es muy diferente de la resignación, busca alejarnos del ego como mal consultor. Transportémonos de nuevo al tapete de yoga. En una clase es muy común escuchar “no haga la postura que hacía hace seis meses. Haga la postura que su cuerpo puede hacer hoy”. La razón es que el ego siempre va a intentar compararnos con el pasado, con otros estudiantes, con las posturas de Instagram, con las personas en las que quisiéramos convertirnos. Y estas voces del ego en ocasiones son tan fuertes que no nos dejan escuchar la propia práctica, que solo quiere saber cómo estamos hoy.
Ese mismo fenómeno ocurre en las empresas. Los planes estratégicos suelen construirse desde la empresa que creemos ser, no desde la que realmente somos. Pero las cifras no mienten, así como en el tapete de yoga el cuerpo no lo hace. Y mientras la mente puede inventar historias y hacernos pensar que somos flexibles, la postura lo confirma o lo desmiente. O por ejemplo, la mente puede creer que el cuerpo está descansado, pero cinco saludos al sol revelan otra realidad.
Todo esto nos lleva a olvidar la verdadera razón por la que vivimos: No vivimos para morir, vivimos para vivir. En otras palabras, estamos tan acostumbrados a pensar en los resultados que dejamos de lado el valor del proceso. Eso dificulta aceptar el punto de partida, porque sentimos que deberíamos estar más adelante. Recuerde que la única forma de avanzar es dejar de fingir que ya llegó.
Por eso, la pregunta no es dónde quisiera estar dentro de cinco años, es mucho más incómoda: ¿dónde está hoy?
Debemos conseguir que nuestro mensaje pueda ser comprendido, verificado y correctamente sintetizado por los agentes de IA
La tasa de cambio no debe convertirse en una obsesión; debe entenderse como un espejo. Lo importante no es la imagen que devuelve hoy, sino la realidad económica que refleja