Invertir en educación superior en Colombia es sabio. Los retornos Mincer, que miden el impacto salarial de ir a la universidad, según el Banco Mundial fueron de 180% en 2015, los más altos de América Latina. Pero la élite universitaria es de difícil acceso, en 2019 la U. Nacional rechazó 10 de cada 11 aplicantes. Mientras tanto la inversión en infraestructura viene encareciendo la matrícula, sin claridad de que estos aumentos se traduzcan en mejores competencias o compensación. Ahora la pandemia está limitando todo a lo académico, los otros beneficios quedan pendientes. Mayor democratización es un propósito de país y se podría lograr utilizando inteligentemente la virtualidad.

Ya el conocimiento está en línea, la ventaja comparativa de una universidad no es el acceso a textos. Hace ocho años, MIT colocó sus clases en línea. Frente a temores de deserción del programa presencial, el rector Reif explicó que la costosa matrícula seguiría con alta demanda. Se paga por la educación, pero también por el privilegio de estar con excelentes estudiantes y profesores, más la certeza de un trabajo bien remunerado. Los dividendos de crecimiento personal y relacionamiento son cimientos de vida. Si la pandemia elimina lo presencial, la actual estructura de costos de matrícula no da, los beneficios no-académicos se disminuyen. Con el mercado laboral en franco deterioro, el programa de alivio temporal del Icetex debe convertirse en solución permanente.

La virtualidad podría desatar una ampliación de cobertura sin antecedentes, el costo marginal del estudiante adicional es casi cero. Para muchos estudiantes también podría abaratar costos de manutención. Los Andes y la Sergio Arboleda pueden añadir miles de alumnos, el club exclusivo Harvard y Oxford se puede acabar. Excelente educación virtual, a una fracción del costo, con acompañamiento docente. Se sigue haciendo lo presencial, pero se complementa con lo virtual en un nuevo esquema.

En complemento al curriculum, el ingeniero de la Tecnológica de Pereira podría hacer estadística virtual en Stanford y el de derecho del Norte ver constitucional en el Externado. Ya avanzó el acuerdo Cesu 02 2020 abriendo la puerta a la innovación en calidad. Sobra decir que nuevos métodos de pedagogía son requeridos, esto no es con la gritería del zoom. El docente debe seguir siendo el eje central del modelo educativo, pero hay que meterle tecnología. Esta nueva realidad requiere una reforma al Sistema Nacional de Cualificaciones.

Esta nueva visión es posible si se logra igualdad en acceso digital. Bajo el programa de Última Milla, la conexión de internet que cuesta $50.000, MinTic logra que el estrato uno pague $8.000 y el dos, $19.000. A la fecha se han beneficiado cerca de 150.000 hogares, pero ese número debe multiplicarse. Las innovaciones en teletrabajo o telemedicina también lo requieren, los avances digitales deben ser permanentes.

El modelo antiguo debe cambiar, la deserción podría pasar de 25%. Mejorar el sistema requiere de instituciones dispuestas a cambiar y estudiantes con ganas de aprender. Un gobierno que piense en el futuro y empresarios que contraten por talento, en vez de institución. La tecnología puede disminuir costos, mejorando calidad. Ojalá nos le adelantemos al futuro.