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La conceptualización de la economía popular como término político es reciente, específicamente del Plan Nacional de Desarrollo 2022 - 2026 (PND), donde se alude especialmente a las actividades productivas de unidades económicas de baja escala. Y aunque es reciente en estos términos, es una población mercantil que por años ha sido el foco de atención y el trabajo arduo por agremiaciones como la Cámara de Comercio de Santa Marta para el Magdalena y de la gran mayoría de este país donde las micro y pequeñas empresas representan alrededor de 95 % del tejido empresarial.
En el PND se realiza una caracterización de las empresas de economía popular que indica que estas por lo general tienen menos de 10 empleados, sus ingresos operacionales mensuales no deben superar los 50 Smmlv e incluye actividades financiables y no financiables con algunas excepciones. ¡Su caracterización es todo un reto!
En el complejo entramado de la economía del Magdalena, la economía popular emerge como un pilar clave, no solo en la generación de ingresos, sino también en el fortalecimiento del tejido social y comunitario. Representada principalmente por microempresas y emprendimientos familiares, esta economía abarca actividades que van desde el comercio minorista hasta la manufactura y el turismo rural, sectores fundamentales para la sostenibilidad económica regional.
Un estudio reciente realizado desde la Cámara de Comercio de Santa Marta para el Magdalena, reveló que el comercio constituye 66,35 % de las actividades de economía popular en el departamento, seguido por la manufactura (16,18 %) y los servicios de alojamiento y comida (8,73 %). Estas cifras no solo reflejan la diversidad de este sector, sino también su potencial estratégico para impulsar el desarrollo económico en áreas clave.
Sin embargo, la concentración geográfica de estas actividades en municipios como Santa Marta, Fundación y Ciénaga pone de manifiesto un desafío: la centralización. Las zonas rurales, con menor participación, representan una oportunidad invaluable para equilibrar el desarrollo territorial, fortalecer las comunidades locales y diversificar las fuentes de ingreso.
Más allá de los datos, la economía popular tiene un rostro humano. En el Magdalena, esta economía no es solo una fuente de empleo; es también un espacio de inclusión. Aunque los hombres son mayoría entre los propietarios (54,83 %), las mujeres tienen una participación significativa (45,17 %), lo que refleja avances hacia la equidad de género, pese a los retos estructurales que enfrentan.
La sostenibilidad y el crecimiento de este sector requieren atención prioritaria en la agenda pública. Es imperativo diseñar políticas que fortalezcan sectores emergentes como la manufactura y los servicios, mientras se fomenta la formalización de negocios en áreas rurales. La economía popular debe ser vista no solo como un conjunto de actividades económicas, sino como un motor de cohesión social y desarrollo territorial.
En este sentido, el Magdalena tiene ante sí una oportunidad histórica: reconfigurar su economía desde abajo hacia arriba, promoviendo iniciativas que integren la economía popular en una estrategia regional inclusiva y sostenible. De esta manera, se podrá transformar este sector en un pilar fundamental para el desarrollo integral de la región.
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