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Analistas 02/12/2021

¿Estamos abiertos a la innovación?

Silvia Barrero
Vicepresidente de Asuntos Externos para el Clúster Andino de Philip Morris International

Durante siglos, la regulación ha seguido un modelo que se retroalimenta de su entorno, a modo de input-output: la legislación existente y la evidencia acumulada durante largos períodos han sido el punto de partida para establecer las reglas que delimitan el camino de la innovación. No obstante, el crecimiento tecnológico exponencial y los rápidos y acelerados procesos de innovación exigen decantar paradigmas y procesos de adopción, de manera que los marcos regulatorios respondan oportuna y adecuadamente a los beneficios que traen consigo los avances científicos y la disrupción tecnológica.

Hoy, la introducción de nuevas categorías o productos emergentes en el mercado como las patinetas eléctricas y plataformas tecnológicas de transporte; la masificación de las Fintech y la revolución de tecnologías de open banking, e incluso, la evolución de las alternativas al cigarrillo, hacen un llamado a deconstruir metodologías y cocrear sobre la evidencia científica y el avance tecnológico. Al final, existe un elemento transversal que motiva a todos los actores que directa e indirectamente participan en este proceso: generar un impacto positivo para la sociedad.

Los gobiernos de Colombia, Ecuador y Perú se han esforzado por incentivar, por medio de marcos regulatorios innovadores, el uso o compra de productos que tengan un impacto positivo en la salud, en el ambiente o en la sociedad. Por ejemplo, han aprobado políticas públicas para incentivar el uso público y privado de vehículos eléctricos entendiendo su innovación en términos de protección del medio ambiente.

Esta reglamentación incluye entender sus diferencias con los modelos tradicionales, incentivos tributarios, mayores beneficios en términos de movilidad, al igual que metas claras para reemplazar las flotas de transporte público de combustión por eléctricas. Es decir, reconocen explícitamente la existencia de la diferencia, de funciones y perfiles distintos y por ello, promueven una regulación diferenciada que incentiva la alternativa que genera mayores beneficios sociales.

Por otro lado, en el caso de las alternativas al cigarrillo, el gobierno de Nueva Zelanda aprobó un nuevo marco regulatorio diferenciado para vapeadores y productos de tabaco calentado - Smokefree Environments and Regulated Products Regulations 2021-. Este nuevo esquema incentiva a los adultos fumadores para que, si no quieren dejar de fumar, por lo menos migren a alternativas de riesgo reducido. Incluso, el mismo lineamiento normativo contempla el siguiente aviso que puede ser desplegado en tiendas y comercios electrónicos donde se comercialicen vapeadores: “si fuma, cambiar por completo su cigarrillo por el vapeo es una opción mucho menos dañina”.

En otras palabras, la innovación y la tecnología requieren procesos regulatorios dinámicos que estudien en profundidad sus atributos, particularidades y contextos bajo los cuales se conciben y desarrollan. De esta manera, si la voluntad primaria de generar valor a la sociedad permea todas las etapas de la cadena de creación, vale la pena apostarles a modelos regulatorios dinámicos que fomenten la innovación y masifiquen la disrupción, basados en la aceptación de la diferenciación.

En este sentido, un esquema que fomenta la creación de soluciones distintas para problemáticas tradicionales es un esquema que premia la evolución. Sin duda alguna, ¡en la era de la disrupción, el debate sobre la innovación no puede ocurrir a puerta cerrada!