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¿Qué pasa con el acero?

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El acero es un indicador del comportamiento económico, cuando crece su consumo crece la economía. A su turno, la producción de acero crudo a nivel mundial, que supera 1.600 millones de toneladas por año, está liderada de lejos por China que produce cerca de la mitad, le siguen Australia, con 324 millones; la Unión Europea, con 162 millones; y Norteamérica, con 110 millones, que para el caso de Estados Unidos es insuficiente para su consumo, por tanto, lo hace un atractivo importador.

El anuncio de Trump sobre la imposición de una tarifa arancelaria de 25% para importación de acero, genera turbulencia en su precio internacional. Canadá, Brasil, Corea, México y Rusia como grandes exportadores de acero y de tubos a Estados Unidos, podrían ser los principales países afectados. Esta medida, que desata revuelo comercial, también puede estar generando violaciones de los TLC americanos con muchos países, incluido Colombia.

Nuestro país, consume 3,5 millones de toneladas de acero al año para la construcción y solo producimos menos de la mitad. El año pasado se importaron 2,2 millones de toneladas con destino a la construcción. Como no somos autosuficientes, el mercado internacional y los precios del mismo, tienen injerencia directa en el sector, tanto en la actividad edificadora como en la infraestructura colombiana, hoy en buen desarrollo.

A la anterior dificultad, se le suma el ingreso de acero de contrabando, principalmente desde Venezuela, que según la Cámara Colombiana del Acero, está ingresando otros productos derivados, además del acero terminado. Hay dos formas de contrabando, la primera, física por la frontera; y la segunda, aprovechando las tasas de cambio paralelas. Una tonelada de acero al cambio de dólar negro venezolano puede terminar costando la mitad de lo que vale legalmente.

Además, no todo el acero de refuerzo venezolano cumple con la norma de sismo resistencia colombiana, siendo utilizado principalmente en edificaciones de origen informal. Recordemos que cerca de la mitad de nuestras viviendas se ejecutan sin licencia de construcción, incrementando la vulnerabilidad ante fenómenos naturales, de manera particular, los sismos.
La manufactura de productos metalúrgicos básicos, junto con la fabricación de elaborados de metal, exceptuando maquinaria y equipo, según el Dane representa 7,5% de la producción industrial nacional. Aquí están contempladas nuestras empresas siderúrgicas, las que tienen un gran campo para crecer por cuenta de la demanda insatisfecha.

Hoy la construcción de vivienda se comercializa sobre planos a precio fijo, lo que genera incertidumbre para los desarrolladores en algunos insumos que tienen precio internacional, como el acero que en los últimos años se ajustó por encima de la inflación y que afecta a todo tipo de edificaciones. Para el caso de la vivienda en estratos medios y altos, la maquinaria y los acabados que se importan, se han visto afectados con las fluctuaciones del dólar en relación al peso colombiano.

La guerra comercial que está desatando Trump, obliga a las empresas del sector siderúrgico a hacer más competitivos y a mirar otros mercados incluyendo el interno; así como a los empresarios de la construcción, a tener un mayor control de los insumos.

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