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La Ciudad de los Parques

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Da gusto observar el avance en los últimos años en materia económica y social de Bucaramanga y su área metropolitana, y en general del departamento de Santander. Se ha consolidado como la cuarta economía del país; además, junto con Bogotá, es la región con más clase media colombiana y de gran capacidad de consumo y de ahorro. 

Da gusto el empuje empresarial de los santandereanos, tanto de importantes emprendimientos, como sobre todo en resultados de la mediana y pequeña industria. El desarrollo urbano de Bucaramanga, la valorización inmobiliaria y la construcción de torres residenciales de alta densidad, así como los nuevos centros comerciales, son impactantes. El avance en construcción amigable al medio ambiente es ejemplo nacional.

Lo que no da gusto es el retroceso en materia de espacio público, de los parques que por décadas caracterizaron a la ciudad. A mediados del siglo pasado Bucaramanga no superaba los 180.000 habitantes pero contaba con un tramado urbano lleno de pequeños parques en toda la ciudad.

Hoy solo cuenta con algo menos de cuatro metros cuadrados de espacio público útil por habitante. Se han permitido el desarrollo de grandes complejos habitacionales sin la contraprestación de espacio público verde. El lema del buen urbanismo de “a grandes alturas, grandes antejardines y generosa infraestructura”, no se ha aplicado en este reciente crecimiento.

Otro principio de desarrollo urbano adecuado es que, colindante a cuerpos de agua, a quebradas y ríos, se exijan aislamientos, sin permitir edificación alguna, de protección ambiental o rondas de río, en distancia de 50 metros o más. Se convierten en parques, retrocesos para controlar posibles desbordamientos y son necesarios como ronda hidráulica.

Pues bien, absurdamente borrado del ordenamiento del área metropolitana son estos cordones ambientales y parques longitudinales. Es inexplicable que dentro de la ronda de río se permitan edificaciones, además de gran índice de construcción, por ejemplo las vecinas a las quebradas – linderos del campo de golf del Club Campestre. 

La infraestructura de transporte se quedó obsoleta. El exceso de las motos requiere además cultura ciudadana para la movilidad. A Bucaramanga le hacen falta separadores viales con zonas verdes generosas. Además, carece de política de siembra y protección de árboles. El amor al medio ambiente de los santandereanos expresado en casos como el del Páramo de Santurbán, en las aglomeraciones urbanas, no se refleja.

En resumen y de manera lamentable, en los años recientes pasados, ha habido especulación urbanística, se han licenciado muchos edificios sin el cumplimiento cabal de las normas vigentes y por sobre todo sin entregar nada para el espacio público de la ciudad. 

La modificación que se avecina del POT, debe estructurarse con la infraestructura para el futuro, donde el medio ambiente sea eje estructurante y, que se retome a ‘Bucaramanga como la Ciudad de los Parques’. Oportunidad con la adopción del llamado Plan de Ordenamiento de Segunda Generación, el que perentoriamente tiene que integrar la región. 

No obstante, esta ciudad – región cumple los requisitos de ser urbe para los ciudadanos; entendida como: Sitio para vivir, pues es la ciudad colombiana con menos viviendas de origen informal; sitio para trabajar, pues el desempleo se ha sostenido en un solo dígito en la última década; y sitio para la lúdica, pues su desarrollo estudiantil, de recreación y cultural, día a día se acrecienta. Lo anterior no obsta para que se mejore la movilidad y el espacio público.

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