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Fiebre amarilla

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La Copa Mundo de la Fifa, que en este 2014 corresponde a la vigésima edición del mundial de fútbol, es el evento deportivo de mayor interés global, por celebrarse cada cuatro años con la participación previa de la gran mayoría de naciones que conforman el hemisferio y por ser el fútbol el deporte más popular del mundo.  

Para la fase final del evento, que este año tiene como sede a Brasil, solo clasificaron treinta y dos países, incluida Colombia, habiendo gran entusiasmo por dicho logro debido a que pasó con Argentina como primeros del grupo suramericano y, sobre todo, porque llevaba sequía de 16 años sin asistir al mundial.

Pues bien, para viajar a Brasil se recomendaba vacuna contra la Fiebre Amarilla, lo que no sirvió para nada, al menos en la primera fase o fase de grupos que está concluyendo, por cuanto que los estadios donde jugó Colombia, en Belo Horizonte, Brasilia y Cuiabá, tenían fiebre amarilla, la gran mayoría de espectadores eran colombianos, con entusiasmo animaron el juego, vestidos con la camiseta amarilla de la selección nacional. 

La epopéyica gesta deportiva, ha estado acompañada de la más grande euforia de los hinchas colombianos de todos los estratos y condiciones. Todos con igual alegría. #UnidosPorUnPaís. No habíamos soñado ganar en un mundial de fútbol los tres partidos de la fase de grupos y menos con tanta contundencia. 

La fiebre amarilla ha traspasado los estadios de fútbol. 

En Belo Horizonte, capital del Estado de Mina Gerais, centro industrial y de negocios internacionales de Brasil, en los centros comerciales, en las calles y restaurantes, había invasión de colombianos. En esta ciudad de dos millones cuatrocientos mil habitantes, los cincuenta mil colombianos se hicieron notar.

La capital política de Brasil, inaugurada en 1960, también fue objeto del entusiasmo y de la presencia de colombianos, quienes disfrutaron de su gran diversidad cultural y gastronómica. Brasilia es ejemplo mundial de planeamiento urbano y Patrimonio Cultural de la Humanidad, declarada así por la Unesco.

Brasilia que fue proyectada por el ingeniero urbanista Lucio Costa y cuenta con edificaciones diseñadas por el gran arquitecto Oscar Niemeyer, también sentía la fiebre amarilla en los sitios turísticos obligados, como son la Catedral Metropolitana, el Museo de Arte Moderno, el Congreso Nacional, el Palacio de Justicia y el Palacio Do Planalto, con su plaza de los Tres Poderes, espejos de agua y gran espacio público; y por supuesto, el estadio Mané Garrincha. 

La tercera ciudad donde ganó la selección colombiana de fútbol y se pegó la fiebre amarilla fue Cuiabá, capital del Estado de Mato Grosso, situada en el centro geográfico exacto de Suramérica, a 2.000 kilómetros de los océanos Atlántico y Pacífico. La verdad el Mundial de Fútbol no debería contemplar estas distantes ciudades, donde lo más importante que les ha sucedido por años es ser sede de la Copa Mundo.

Así, los transmisores de la fiebre amarilla en Brasil 2014, han sido por parte de Colombia el profesor Pekermán y los jugadores Ospina, Yepes, James, Cuadrado y los demás deportistas que han trabajado en equipo, llegando lejos. Por ello, Brasil, cuya torcida de seguidores también usan camiseta amarilla acompañando su selección liderada por su goleador Neymar, no es la única en vestir de amarillo las ciudades y los estadios del Mundial. 

Ojalá esta fiebre amarilla se siga contagiando hasta el final de la Copa.

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