Analistas

El plebiscito por la paz

Males endémicos de nuestra patria, son el conflicto armado, la creciente corrupción generalizada, además de la politización y lentitud de la administración de justicia. Las cifras de nuestra tragedia nacional derivadas del conflicto armado son contundentes, se han generado más de seis millones de desplazados, más de 200 mil muertos, cerca de 35 mil desaparecidos y otros tantos de secuestrados, aunados a la destrucción de parte de nuestra pobre infraestructura. Décadas de barbarie.

Como bien lo señala el exministro de Justicia y probable próximo Procurador General Fernando Carrillo, el plebiscito de 1957 – Frente Nacional, la séptima papeleta de 1990 – Constitución del 91 y el plebiscito de 2016, son tres hitos históricos entrelazados en la búsqueda de la paz en Colombia. Muestra del deseo transformador de nuestra sociedad. Si bien cambiaron el rumbo del país, los logros se quedaron cortos en los dos primeros instrumentos, lo que probablemente se repetirá en el último.

Ahora bien, el llamado plebiscito por la paz, que para algunos constitucionalistas no es un plebiscito construido como estaba previsto en la Constitución, si se vota positivamente no hay certeza de que se logre la paz anhelada y se acaben los delitos del secuestro, el boleteo y tantos actos delincuenciales que nos afectan. La participación ciudadana es para refrendar un acuerdo del gobierno con las guerrillas narcoterroristas de las Farc y modificar así la Constitución. 

El acuerdo negociado, pone de presente las imperfecciones de nuestro Estado, pero resalta el esfuerzo por soñar en algo diferente para el futuro del país.

No obstante lo anterior, es canalla afirmar que el Presidente Uribe se opone a la paz al invitar con argumentos que se vote por el NO a la refrendación del acuerdo. Su política de Seguridad Democrática, fue un logro significativo para el control del territorio patrio por parte del estado, un aporte a la pacificación y viabilidad del país. En este esfuerzo fueron claves, entre otros, German Vargas como líder del Congreso en las leyes que fortalecieron las fuerzas armadas y Óscar Naranjo como líder policial, miembro del equipo negociador de La Habana en el actual gobierno.

En el contexto anterior y después de haber leído el largo y complejo texto del acuerdo, creo que el país se debe dar esta oportunidad histórica de acabar por medio de la negociación el conflicto armado con las Farc; inexorablemente el cumplimiento del acuerdo redundará en la mejora del orden público del país; por ello, con algunas inquietudes, anticipo mi voto por el SÍ al plebiscito para refrendar los acuerdos de La Habana.

Al igual que Vargas Lleras voy a votar por el SÍ, para luego derrotar a las Farc en las urnas, para tener autoridad para reclamar su cumplimiento, en especial la dejación de las armas y el terrorismo. Al igual que Maria Isabel Rueda, voy a votar SI porque es ético tenderle la mano al enemigo que nos la tiende y porque el NO, no resolvería ninguno de los asuntos del acuerdo con las Farc, que ofenden tanto a buena parte del pueblo colombiano, como son la impunidad, la elegibilidad y las fortunas escondidas.

Contribuye a la paz ciudadana, que participemos en esta expresión democrática y que acatemos el resultado del 2 de octubre próximo; que los que pierdan, con gallardía acepten la decisión y los que ganen, con humildad se comprometan a no seguir polarizando y estigmatizando a quienes contribuyen a la democracia votando diferente.