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Salario mínimo y riesgos de la indexación

En un par de meses se estará reuniendo la Comisión Tripartita (Gobierno, empresarios y sindicatos) para discutir el reajuste del Salario Mínimo Legal (SML) que regirá en 2017.  La coyuntura social y política es particularmente azarosa: i) el Banco de la República (BR) estará perdiendo (por segundo año consecutivo) la meta de inflación (una desviación de +3 puntos, equivalente a 50% de desvío); ii) el país ha generado arreglos institucionales propicios a la indexación salarial y su escalamiento ya está teniendo efectos negativos sobre la tasa de desempleo, la cual se estará elevando de 8,9% en 2015 hacia 9,4% en 2016 (tal como lo acaba de confirmar el dato acumulado enero-agosto); y iii) las negociaciones de paz están generando “vías de hecho” que el Gobierno mal haría en tratar de apaciguar adoptando posturas populistas en materia de reajuste del SML.  

Así, hoy más que nunca, el desafío consistirá en promover la generación de empleo formal, pero manteniendo el poder adquisitivo de los trabajadores colombianos, donde cerca de 60%-65% devengan el SML. 

A nivel estructural, el mercado laboral colombiano presenta alta rigideces provenientes de: i) elevados costos no salariales que entorpecen el proceso de formalización, los cuales bordean 50% aun después de la reducción de 13,5 pp ordenada por la Ley 1607 de 2012; ii) la restricción legal impuesta por la Corte Constitucional sobre el “mínimo vital”; y iii) la convergencia del salario medio hacia el SML, donde hoy cerca de 65% de los pagos vía Pila están en la franja cercana a un SML (vs. 54% en 2007) y 87% en la franja hasta dos SML. De esa manera, el salario medio equivale a 1,4 SML frente a una relación promedio de dos SML observada en los países Ocde (ver Comentario Económico del Día 18 de agosto de 2016). 

Así, un incremento del SML de 6,5% para 2017 (en línea con la inflación proyectada para finales de este año) lo llevaría de los actuales $689.450/mes a $734.300/mes. Este incremento de costos salariales mermara aún más la generación de empleo, la cual registra expansiones de solo 0,6% anual (enero-agosto) frente a 2,7% de un año atrás.  Esta situación nos ha llevado a elevar nuestro pronóstico de la tasa de desempleo promedio hacia 9,5% en 2016 (vs. 8,9% observado en 2015).

Nótese cómo dicho ajuste del SML no contempla ninguna ganancia en Productividad Laboral (PL), en línea con lo reportado por el Conference Board, donde Colombia aparece inclusive contrayéndola -0,1% durante 2016. Dadas estas alzas en los costos laborales de Colombia y su estancamiento en productividad, resulta importante evaluar entonces el desempeño de nuestro Costo Laboral Unitario (CLU).

Recordemos que el CLU mide el balance que obtiene la firma al cotejar ese mayor costo laboral con el valor agregado añadido por cada trabajador empleado. La brecha entre el CLU de Colombia y de Estados Unidos se redujo notoriamente durante la última década.  Ello debido a que el SML real registró incrementos de 0,8% anual durante dicho período, mientras la PL de Colombia lograba expansiones satisfactorias de 1,5% durante 2008-2011, gracias a que el PIB-real se expandía a tasas cercanas a 4% anual.

Sin embargo, durante el período 2012-2016, dicha brecha ha vuelto a ampliarse en contra de Colombia. Ello debido a que los incrementos del SML real del país superaron las ganancias en productividad en cerca de 0,5% anual. Así, al finalizar 2016, la mano de obra en Colombia resulta con un CLU superior en 2,8% al de Estados Unidos. 

En síntesis, los incrementos del SML desbordando nuevamente las ganancias en productividad han vuelto a convertirse en un hándicap para la competitividad del país. Como si fuera poco, la competitividad del país en otros frentes también se ha deteriorado recientemente, donde el Foro Económico Mundial acaba de reportar que Colombia permanece estancada en el puesto 61 entre 138 países.