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Informalidad, crecimiento e inequidad: agenda pro-formalización

En los días 28-29 de mayo, se llevó a cabo un interesante foro internacional organizado por la facultad de economía de la Universidad del Rosario, donde se analizaron temas de informalidad, crecimiento e inequidad. En la sesión de clausura, el reconocido y cercano a Colombia profesor Bourguignon del Paris School of Economics (PSE) disertó sobre la compleja relación existente entre estos tópicos.

Retomando algunas de sus contribuciones teóricas, de principios de los años 1990, Bourguignon mostró cómo en una curva de Lorenz resultaba imposible “mapear” de forma única la intuición que se tenía entre mayor formalidad económica y mayor crecimiento y que, eventualmente, conduce a mayor equidad económica y social.

Sin embargo, la relación causal entre formalización y mayor crecimiento a nosotros nos parece bastante intuitiva y confirmada por las grandes bases de datos globales. No en vano la totalidad de las multilaterales ha venido apoyando programas pro-formalización empresarial y laboral. Esto ha venido redundando en mejor bienestar en seguridad social (pensional y de salud) y en mayores recaudos tributarios nacionales y territoriales.

La siguiente pieza del rompecabezas también parece sostenerse bastante bien en la teoría y en la práctica del desarrollo económico, donde existe un proceso de retroalimentación positivo entre ese mayor crecimiento y la aceleración de la productividad multifactorial. Dicho de otra manera, se puede comprobar econométricamente que la productividad es procíclica.

Evidentemente, la pieza más débil de esta transmisión pro-formalización tiene que ver con que ese crecimiento-productividad cause o no una mejor distribución del ingreso (medido a través del coeficiente de Gini, derivado de la curva de Lorenz).

Pero esta misma duda puede sembrarse, por ejemplo, acerca del efecto de una mejor calidad educativa sobre medidas de equidad. En efecto, el Gini se incrementará (haciéndose más inequitativo) si la buena educación se traduce en una mejora de ingresos para unos pocos, que es lo que ha tendido a ocurrir con las carreras universitarias más acreditadas. Se ha demostrado que, en general, los egresados de las mejores universidades terminan multiplicando 4 veces sus ingresos laborales a lo largo de su carrera, mientras el grueso restante sigue con ingresos con dificultad cercanos a la media.

Dicho de otra manera, podemos concluir que la duda sembrada sobre los potenciales beneficios de trabajar en pro de la formalización es uno de estos típicos casos en que un teórico podría pasarse años demostrando que lo que funciona en la vida práctica podría no funcionar en un modelo teórico de equilibrio general.

La ponencia del Director del DNP afortunadamente aterrizó este debate al proveer útil información sobre las bondades de trabajar en pro-formalización, pues la informalidad está asociada a la mayor pobreza regional, aunque solo levemente asociada a la mayor inequidad regional. Después, ilustró el Dr. Mejía cómo en Colombia el marco regulatorio se había movido en la dirección correcta de disminuir las cargas tributarias empresariales y las cargas parafiscales, las cuales han venido ayudando a mejorar la formalización laboral, aunque (la verdad) solo de forma marginal. De hecho, el total de cargas sobre las empresas tan solo ha disminuido del 60% hacia un 50% durante el período 2010-2018 (ver Informe Semanal No. 1406 de abril de 2018), superando la carga promedio del 45% de la OCDE.

Ahora bien, estos son fenómenos que tienen que evaluarse en horizontes de mediano plazo y uno no esperaría ver efectos de causalidad al analizar períodos anuales o de corta duración (2 o 3 años). Más aún, las métricas de evaluación tienen que ser las adecuadas y no siempre son las disponibles como cifras oficiales.

Tal vez el mejor ejemplo reciente a este respecto tiene que ver con toda la fanfarria que se ha montado sobre los efectos del desmonte de los 13.5pp en las cargas parafiscales (a través de la Ley 1602 de 2012) sobre las empresas.

Si bien el movimiento fue en la dirección correcta de contribuir a la mayor formalización laboral, su impacto ha sido más bien marginal, pues la masa de trabajadores que cotiza los 12 meses del año continúa siendo tan baja como un 15% de la PEA (equivalente al 46% de los cotizantes), ver gráfico 1. Así, al realizar un promedio ponderado de la densidad de dichas cotizaciones todavía se tiene que solo llega a un 27% de la PEA, cifra significativamente inferior al 43% que anuncian las cifras oficiales (las cuales incluyen a quienes coticen al menos 2 veces al año), ver gráfico 2.

Si Colombia se hubiera movido con mayor profundidad en sus tareas pro-formalización, entonces la relación Recaudo Tributario/PIB no estaría estancada en el 14%, la tasa de desempleo urbano no estaría arriba del 10% y el crecimiento no habría caído durante el último quinquenio del 4.5% hacia el 3%. Además, seguramente, la productividad habría crecido positivamente y el Gini habría roto la horrible barrera de permanecer por encima del actual 0.50, de los peores a nivel de la propia América Latina.

Un consuelo que en ese seminario escuché es que, cuando nos comparamos con el pobre desempeño de América Latina, la situación habría sido peor, de no habernos movido en la línea pro-formalización (antes descrita). En fin, no cabe duda de que progresos en marcos regulatorios amigables con la formalización social redundarán en mayor crecimiento y mejor productividad. Eventualmente, todo ello habrá de reducir la desigualdad (así los modelos de equilibrio general puedan “probar” que a veces esto no ocurre).