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Duplicando el ingreso-real per cápita en Colombia

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Sergio Clavijo - anif@anif.com

La destorcida minero-energética de 2014-2016 dejó secuelas en la economía colombiana de las cuales el país aún no se recupera. Ello se ha reflejado en la lenta y frágil corrección de los déficits gemelos (fiscal-externo), observándose: i) abultados faltantes fiscales, con elevados ni- veles de endeudamiento en cabeza del Gobierno Central (50% del PIB vs. 40% del PIB un quinquenio atrás); y ii) deterioros recientes en las cuentas externas (a niveles tan altos como 4% del PIB), por cuenta de la incapacidad del país en diversificar su canasta exportadora. Ello le ha costado a Colombia la pérdida de al menos -1.5pp en su crecimiento potencial, ubicándose ahora alrededor de 3% anual (vs. 4,5% de 2010-2014), ver Comentario Económico del Día 30 de octubre de 2018.

Recuperar crecimientos potenciales del orden de 4,5% requerirá más que buenas intenciones, necesitándose avanzar con mayor celeridad en las reformas transversales que permitan superar el llamado Costo Colombia (referente a sobrecostos laborales, energéticos y de transporte). Se requieren mejoras estructurales para incrementar las ganancias en la Productividad Total de los Factores (PTF) y que ello conduzca a incrementar el ingreso-real per cápita de los colombianos, el cual se ha desplomado del ilusorio nivel de los US$8.000/año a solo los US$6.500/años actuales (ver Informe Semanal No. 1458 de abril de 2019).

Si el crecimiento potencial de Colombia se hubiera mantenido en 4,5% por año, se habrían requerido solo unos 20 años para duplicar el ingreso-real per cápita. Pero con los magros crecimientos actuales, cercanos a 3% anual, esa duplicación del ingreso per cápita estará tardando unos 45 años (más de una vida laboral).

Durante el último quinquenio, el crecimiento promedio de Colombia ha sido tan solo de 2,7% anual y la tasa de cambio real se ha sincerado al perder casi un 25% durante 2014-2018, una vez pasados los efectos cambiarios de la Enfermedad Holandesa. Esto nos ha llevado a tener un ingreso per cápita de solo US$6.500/ año, en vez de los US$11.000/año con los que alguna vez nos ilusionaron los que hablaban del “resfrío holandés”, ver gráfico 1. De no alterarse la estructura productiva del país, Colombia solo alcanzaría los niveles actuales de ingreso per cápita de Chile (US$15.300) por allá en 2050 y los de Corea del Sur (US$29.743) hacia 2100.

En esta nota analizaremos el comportamiento del PIB-real per cápita de Colombia, comparándolo con la experiencia vivida en algunos países asiáticos. La mayor parte de ellos está logrando duplicar su ingreso-real per cápita en tan solo unos 15 años. Si bien el PIB per cápita es una medida imperfecta del bienestar social, sucede que su desempeño está altamente correlacionado con los progresos en el Índice de Desarrollo Humano (IDH), ver Informe Semanal No. 1432 de oc- tubre de 2018.

Duplicación del PIB per cápita en Asia (1967-2017)

Es bien conocido el éxito logrado por buena parte de los países asiáticos en materia de crecimiento económico y desarrollo. Por ejemplo, el PIB per cápita de Corea del Sur representaba cerca de la mitad del ingreso per cápita de Colombia en la década del sesenta, pero solo cincuenta años después el país asiático ya registra un PIB per cápita cinco veces superior al colombiano.

Ahora bien, el proceso de desarrollo de Asia ha ocurrido de manera escalonada entre países. En una primera fase fue Japón, el cual fue seguido rápidamente por los llamados Nuevos Países Industrializados (NICs, incluyendo Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong y Singapur). Posteriormente, los “nuevos tigres” (MIT: Malasia, Indonesia y Tailandia) y, más recientemente, China e India han presentado elevadas tasas de crecimiento (pese a la evidente pérdida de tracción en el caso chino durante 2015-2018). Todos ellos han sido capaces de incrementar su PIB per cápita a tasas cercanas a 4% real por año, duplicando así sus ingresos cada 15 años (en promedio), con lo cual lograron cuadruplicar el ingreso de la población durante 1967-2017.

Cabe recordar que Japón fue el primero en sumarse al “club del desarrollo”. Luego de la derrota en la Segunda Guerra Mundial, este país registró crecimientos del PIB per cápita que llegaron a 4% entre 1967 y 1996. Esto permitió que los japoneses duplicaran su ingreso cada 19 años. En los últimos años, estas tasas de crecimiento han disminuido a solo 1,5% (2012-2017), experimentando síntomas de un aparente estancamiento secular, como resultado del pobre desempeño en materia de productividad (+0,3% anual en 2017), demografía (con contracciones promedio del -0,4% anual en su fuerza laboral durante el último quinquenio) y una difícil situación de deflación y crisis fiscal.

Posteriormente, los tigres asiáticos de los años sesenta (NICs: Corea del Sur, Taiwán, Singapur y Hong Kong) registraron crecimientos del PIB per cápita del 6,4% en 1967-1996, logrando duplicar su ingreso cada 11 años. Con esto, las últimas generaciones de estos países han visto multiplicar en cuatro veces su ingreso recientemente. Allí el camino hacia el desarrollo estuvo guiado por las políticas económicas implementadas, cuyo objetivo primordial fue incrementar la PTF. Estas requirieron una firme coordinación público-privada, sacrificio (fiscal) y un cierto grado de ensayo y error. Varios de ellos optaron por movimientos autocráticos, apoyados por Inversión Extranjera Directa (IED), donde la alta escolaridad y una homogénea distribución de la riqueza reforzaron el crecimiento del producto.

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