Analistas

Desintegración vertical: ¿reescribiendo la historia?

A nivel sectorial ha venido ocurriendo una especie de “desintegración vertical”, explicada en buena medida por el outsourcing global, de una parte, y por la mayor especialización del mundo de los servicios, de otra parte. Así, tanto en el sector agrícola como en la industria, el valor agregado allí contabilizado ahora se concentra en las tareas propias de sus sectores, reduciendo sus aportes a nivel de cuentas nacionales, y expandiendo el de los servicios de transporte, telecomunicaciones y de seguridad social, ver P. Marsh (2012) The New Industrial Revolution. 

 
En el caso de Colombia, dicho outsourcing se ha visto acelerado por los elevados sobrecostos no salariales, que hasta hace poco bordeaban el 60%, y a través del cual se busca eludir tales obligaciones y bajar costos. ¿Acaso ello implica que no haya ocurrido una desindustrialización acelerada en Colombia, sino un simple fenómeno de “desintegración vertical” sobre el cual no debemos preocuparnos? 
 
En un interesante estudio del Banco de la República, Carranza y Moreno (2013) reconstruyeron la historia sectorial de Colombia para dar una idea sobre el tamaño de la cadena industrial y cómo se habrían podido afectar las cuentas nacionales si todavía se estuvieran contabilizando esas tareas de servicios dentro de la industria. Según los autores, de no haber ocurrido dicho outsourcing, la producción industrial de Colombia probablemente hoy bordearía un 36% del total, en vez del actual 12%.
 
Los autores han incorporado al sector industrial el valor agregado de insumos no industriales y los márgenes de transporte y de comercialización. Como resultado de ello, se observa un diferencial en el rango de 20 a 25 puntos porcentuales (pps) en la participación industrial dentro del PIB, resultante de incluir ese efecto de outsourcing. No se trata entonces de un moderado ajuste, sino de verdaderamente “reescribir” la historia; es decir, los autores “imaginan” unas cuentas nacionales en ausencia de dinámicas productivas dominadas (precisamente) por la “destrucción creativa” a través de la cual Schumpeter nos explicaba por qué el capitalismo no habría de colapsar como lo imaginaba Marx, ver S. Nassar (2011) Grand Pursuit.
 
Lo interesante, es que, al realizar los ajustes por servicios, también se observa una caída pronunciada en la participación industrial, pasando de 44% a 34% del PIB durante los años noventa, una reducción de 10 pps en dicha participación industrial. Nótese que, en todo caso, la magnitud de la caída no difiere mucho frente a los 5 pps registrados por las cuentas nacionales oficiales. La diferencia, obviamente, radica en su nivel de participación dentro del PIB: 34% (contabilizando los servicios dentro de la industria) Vs. 14% (según la metodología internacionalmente aceptada). En la década pasada (2000-2010), el registro de caída habría sido de 3 pps (ajustando por servicios) Vs. 2 pps según cuentas nacionales.
 
Anif considera que el ejercicio de Carranza y Moreno resulta útil para dimensionar la importancia que hoy tiene el sector servicios y entender el impacto histórico que ha tenido el outsourcing. Ello simplemente revela el hecho histórico de que, décadas atrás, las grandes firmas (piensen en la recién quebrada General Motors) tenían sus propios empleados para prestar los servicios de contabilidad, salud, pensiones y hasta alimentos a sus trabajadores, muchos de los cuales hoy se prestan por fuera de esa firma. Más aun, dicho estudio para nada desvirtúa, ni cuestiona, los hallazgos de historia comparada con el mundo desarrollado y la evidencia econométrica de una acelerada desindustrialización en Colombia, frente a la hipótesis alternativa de “movimientos seculares”.
 
Por último, no debemos olvidar que los países asiáticos han triunfado en sus tareas de industrialización y gracias a ello ese sector muestra incrementos en su participación dentro del PIB, a pesar del fenómeno de outsourcing. El gráfico 2 ilustra cómo Indonesia elevó dicha participación del 10% al 25%, mientras que Corea la elevó del 21% al 30% en las últimas tres décadas y sin artilugios contables¡¡¡.
 
La única manera en que Colombia podrá combatir la grave Enfermedad Holandesa, que está acelerando nuestra desindustrialización, es a través de incrementar su productividad multifactorial. En particular debemos continuar trabajando en: i) adoptar políticas salariales y de contratación laboral más flexibles, para reducir el costo laboral unitario; ii) acelerar la dotación de infraestructura, especialmente la de transporte intermodal; y iii) aumentar la calidad de la educación práctica y con énfasis en la ingeniería productiva.