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La historia reciente del Wrexham suele empezar con dos nombres de Hollywood: Ryan Reynolds y Rob McElhenney. Pero su transformación no se entiende solo por la fama de sus propietarios ni se mide solo por los resultados del equipo. Es la historia de un club que aprendió a convertir la atención en una marca global y que ahora enfrenta una pregunta más difícil: cómo hacer sostenible ese crecimiento.
En 2020, Reynolds y McElhenney apostaron por un equipo galés que competía en la quinta categoría del fútbol inglés. La ambición era devolverlo a la Football League y proyectarlo más allá de su ciudad. En los años siguientes, el Wrexham encadenó tres ascensos consecutivos hasta llegar al Championship, la segunda división. El rendimiento deportivo fue el motor de la historia: sin victorias, ascensos y una afición que creyera en el proyecto, difícilmente habría algo que contar.
Las cifras evidencian el alcance de esa transformación. En 2022/23, el Wrexham registró ingresos de alrededor de US$14,1 millones. En 2023/24, llegó a US$35,8 millones y, durante la temporada 2024/25 en League One, alcanzó US$44,6 millones. El patrocinio y la publicidad aportaron US$23,2 millones a ese último total: algo más de la mitad. Un año antes, esa fuente de ingresos había generado US$17,7 millones. Las conversiones son aproximadas y se basan en el tipo de cambio actual.
Pero mientras el equipo ganaba partidos, el club también construía otra cosa. Welcome to Wrexham llevó su historia a la atención de espectadores de todo el mundo, en especial de Estados Unidos. Reynolds y McElhenney no eran solo propietarios: gracias a su reconocimiento y sus redes, se convirtieron en embajadores globales del equipo.
Esa visibilidad ayudó a atraer patrocinadores, a ampliar la audiencia y a despertar interés por la camiseta y los productos del club. La serie no aportó directamente ingresos a las cuentas del Wrexham, pero sí contribuyó a poner al club ante marcas y seguidores que antes difícilmente lo habrían descubierto.
La expansión también llegó a las tiendas. El club mantuvo su local en el Racecourse Ground, abrió una tienda más grande en el centro de Wrexham y amplió la distribución internacional de sus camisetas mediante su acuerdo con Macron. Durante las giras por Australia, Nueva Zelanda y Estados Unidos, los productos estuvieron disponibles en esos mercados. El lanzamiento de una camiseta en Nueva York, con presencia en Times Square y en el Nasdaq, mostró hasta dónde podía llegar una marca nacida en una ciudad galesa.
Sin embargo, crecer no es lo mismo que ser rentable. Las cuentas de 2024/25 registraron pérdidas, en parte debido al fuerte aumento de los costos de personal y de la inversión en deporte. Y aunque los ascensos aumentan la exposición y las oportunidades comerciales, también elevan las exigencias: hay que reforzar la plantilla, competir en una categoría más costosa y seguir invirtiendo en infraestructura.
El estadio resume bien esa tensión. Durante la campaña de League One, la capacidad superaba las 13.000 personas gracias a una tribuna temporal. Cuando comenzaron las obras de la nueva tribuna Kop, esa estructura tuvo que retirarse y el aforo bajó a unos 10.500 espectadores, justo cuando el equipo logró el ascenso al Championship. El club también ha mantenido precios relativamente accesibles. Así, mientras crecen el interés y la demanda, la taquilla sigue condicionada por la capacidad del estadio.
El caso del Wrexham demuestra que el camino al éxito en el fútbol tiene varias dimensiones. Lo deportivo es fundamental: los resultados sostienen la ilusión y abren nuevas puertas. Pero también cuentan la expansión de la marca, la conexión con los aficionados, los patrocinadores, las ventas y la capacidad de equilibrar ingresos y gastos. Contar con dos actores de Hollywood como propietarios y embajadores le dio al club un alcance extraordinario; aun así, la fama por sí sola no garantiza un negocio rentable.
En el fútbol, cada variable puede cambiar el resultado.
Un ascenso cambia los ingresos y también los costos. Una temporada difícil puede enfriar el entusiasmo o encarecer el objetivo de volver a subir. La tarea del Wrexham es convertir una historia que capturó la atención del mundo en un ecosistema capaz de sostenerse en el tiempo. El reto ya no es solo llegar más alto, sino construir un club que pueda mantenerse allí.
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