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Un breve balance

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Santiago Castro - scastro@asobancaria.com

Recientemente el Dane señaló que la economía colombiana creció a una tasa del 3% en el primer semestre de 2019. Este resultado, que superó los estimativos de algunos analistas del mercado, da cuenta del creciente dinamismo de la economía.

Es de destacar que la dinámica del consumo privado, más allá de la aparente falta de confianza de los hogares en la economía, ha llevado a que sectores como el de actividades financieras, el comercio, y la información y comunicaciones, se hayan expandido a ritmos superiores a ese 3%. Lo anterior es una noticia positiva para el país, pues de la solidez de estos sectores dependerá en gran parte que la adaptación de la economía local a la cuarta revolución industrial sea exitosa.

Por su parte, sectores como el de la minería y el agro presentan resultados mixtos. Por ejemplo, se observó que la producción de petróleo impulsó el dinamismo del sector minero, en medio de un complejo panorama para otra materia prima como el carbón. Entre tanto, en lo que respecta al sector de agricultura, se hizo evidente una sensible ralentización de las actividades agrícola y ganaderas en lo corrido del año, a pesar de que las condiciones climáticas han sido mejores a las esperadas.

También cabe mencionar que la construcción fue la única de las 12 ramas de actividad que registró una contracción, resultado explicado por la caída del subsector de edificaciones, al cual todavía le falta un largo trecho para recuperar la dinámica de hace unos años. Por el contrario, el subsector de obras civiles exhibió una gran dinámica en el primer semestre del año, gracias al buen comportamiento en la ejecución de obras de carreteras, puentes y minería.

Ahora bien, más allá de este buen desempeño, debemos reconocer que existen retos de gran calado para la economía nacional en el corto y mediano plazo. El primero está relacionado con el déficit en la balanza comercial, que, dicho sea de paso, se ha acrecentado en los últimos meses. El hecho de que la devaluación del peso colombiano no haya impulsado significativamente las exportaciones netas del país reflejan la prevalencia de lastres en materia de competitividad que impiden la inserción de nuestros productos en las cadenas globales de valor.

El segundo reto está asociado con el desempeño del mercado laboral. Hoy, el incremento de la tasa de desempleo en un contexto de caída en la tasa de participación, sumado a las presiones de los migrantes venezolanos, resulta sin duda inquietante. Esta situación muestra que es imperativa la implementación de una reforma laboral que incentive la creación de empleo mediante la reducción de los costos salariales y extrasalariales, al tiempo que promueva una fijación de salarios acorde a la productividad laboral del país.
En esta línea, los desafíos que suponen el escalamiento de las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China, las menores perspectivas de crecimiento mundial y la volatilidad en los mercados financieros, también deben ser tenidos en cuenta en la agenda de política pública, puesto que estos pueden generar un ambiente poco propicio para la inversión.

Este panorama hace necesario el trámite de reformas encaminadas a garantizar la sostenibilidad fiscal de la economía, promover la generación de empleo e impulsar mejoras en la competitividad de todos los sectores productivos. Del avance en estos frente, además de otros relacionados con la mejora de la infraestructura vial y de telecomunicaciones, dependerá que podamos recuperar las otrora sendas de crecimiento económico en torno al 4%-4,5%.

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