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Oportunidad para la noviolencia

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La paz se construye desde los diferentes ámbitos de la sociedad, y uno de ellos son las organizaciones. Todos los colombianos hacemos parte de una organización donde estudiamos, trabajamos o tenemos contacto con ellas, cuando obtenemos sus servicios o productos, de ahí que las organizaciones por su conformación e impacto deban ser actores de paz en la sociedad.

Es imperativo que las organizaciones sean parte activa de la construcción de paz, y para serlo, en primera instancia tendrían que responder a la pregunta ¿Qué tanto la organización vive en convivencia pacífica o, por el contrario, es una zona de conflicto y violencia? 

Según Comins, conflicto es “la divergencia de intereses -incluyendo valores, necesidades, objetivos y deseos- entre dos o más partes”, adicionalmente, la organización es en esencia un conjunto de personas que persiguen un objetivo común. De allí la importancia de fortalecer el conocimiento y apropiación de la identidad corporativa y lograr una coherencia entre el proyecto de la organización, con el proyecto de vida de sus colaboradores y el aporte a la sociedad; porque un conflicto se genera cuando los intereses no son compatibles.

Adicionalmente, la Ley 1010 de 2006 busca promover ambientes de convivencia pacífica en el trabajo para evitar conductas de acoso o abuso laboral “ejercidas sobre un empleado por parte de un empleador, un jefe o superior jerárquico inmediato o mediato, un compañero de trabajo o un subalterno, encaminada a infundir miedo, intimidación, temor y angustia; a causar perjuicio laboral; generar desmotivación en el trabajo, o inducir la renuncia del mismo.” Si estas conductas se evidencian, son una forma de violencia.

En las organizaciones pueden existir varios niveles de violencia, desde los estilos de liderazgo negativo que buscan ser un instrumento de fuerza para imponer o manipular, pasando por la falta de respeto entre los equipos de trabajo y de servicio al cliente, hasta la afectación de sostenibilidad del planeta, atentando contra la vida misma. 

La evolución organizacional hacia una convivencia pacífica debe centrarse en el humanismo, en la protección de la vida, y para ello una alternativa es adoptar la filosofía práctica socio-política, de la noviolencia. En esta filosofía, se encuentran el marco de actuación ideal de una organización, la metodología de gestionar sus comportamientos y su cultura, evidenciada en su quehacer, así como los mecanismos para fortalecer su relacionamiento con sus grupos de interés. 

Algunos ejes centrales de esta filosofía son: la vida para respetarla y buscar su plenitud, el amor como el motor del mundo que lleva a la solidaridad y la cooperación; la justicia en la búsqueda de la verdad, y según Gandhi, “buscar la verdad en un conflicto no es obtener la victoria sino encontrar aquello que me une, o que tengo en común con el adversario”. 

Esto se alcanza al recuperar el humanismo natural, no solo con el ser humano sino también con la naturaleza y los animales. Así mismo, recuperar la capacidad de diálogo para combatir el individualismo, la desatención y fragmentación organizacional. Porque a través del diálogo se descubre, se conoce, se escucha, se comprende, se acepta, se reconoce, se apuesta a la confianza y a la esperanza. 

Las organizaciones tienen una oportunidad y un deber inaplazable, de tomar conciencia de evolucionar y tener la voluntad política para involucrarse en la construcción de paz generando una transformación desde su interior hacia la sociedad.
 

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