Analistas

Millones para la convivencia

Somos más de 48 millones de colombianos, estamos entre los 30 países con mayor población en el mundo. Por ello, la gente es la principal riqueza de nuestro país y con ella podemos dar respuesta a la transformación social que se requiere para alcanzar una convivencia en paz.

En 2006 la marca “Colombia es Pasión” de forma acertada en su narrativa evidenció lo que nos caracteriza: “somos un país de gente muy diferente y aun así hay algo que todos compartimos y es esa fuerza que llevamos dentro y esas ganas de vivir y de hacerlo todo con el corazón. Aquí lo llamamos verraquera, empuje, bacanería, echao pa´lante… esa que permite que en esta tierra le encontramos solución a todo, le pongamos una sonrisa a los problemas y salgamos adelante… Colombia somos los colombianos, los que damos todo para sacar adelante una familia, una empresa, un sueño.” Con seguridad identificamos que somos así; pero surge entonces una pregunta.

¿Si contamos con esta riqueza, la gente, por qué no hemos avanzado más en la forma como convivimos? Una respuesta puede ser que nos falta fortalecer nuestra cultura, haciendo referencia no solamente al conocimiento que se tiene, porque podemos conocer y aprender; sino que se requiere evidenciarlo en los comportamientos cotidianos, y más aún si lo focalizamos en las ciudades, donde viven 80% de los colombianos. 

Si tomamos como ejemplo a Barcelona, una ciudad milenaria, que ha vivido de cerca la violencia de diferentes formas a lo largo de su historia, que tuvo una transformación desde los olímpicos del 92, que hoy es referente en múltiples aspectos, y visitada por cerca de nueve millones de turistas al año, ellos encuentran una ciudad donde se respira la cultura, no solo por su pasado sino que allí se respeta al peatón, al ciclista; las señales de tránsito son acatadas, se usa el pito de los carros solo para alertar, las calles están limpias, el transporte público es ordenado y aseado, se separan las basuras, existe el disfrute del espacio público para hacer deporte, leer un libro, contemplar un atardecer, reunirse con amigos, pasear con los niños; en pocas palabras se respira tranquilidad, se vive y se convive a gusto. 

En mi última visita, observaba el comportamiento de sus ciudadanos y turistas, para comprender por qué en nuestras ciudades no se respira esta convivencia. 

Los comportamientos que se ven allí son opuestos a lo que en Colombia frecuentemente se vive, ya que aquí en lugar de ceder el paso se quita, en lugar de escuchar al otro se ignora, en lugar de compartir espacios se invade, y hasta se atropella, en lugar de respetar al otro se desprecia, y esto solo por mencionar algunos. Si listamos estos comportamientos: quitar, ignorar, invadir, atropellar y despreciar son propios de una cultura de violencia, porque esto también es violencia, y se vive a diario. Por ello, el reto es desarmar nuestras actitudes y evolucionar nuestras acciones. “La cultura de una nación reside en el corazón y alma de su gente”: Gandhi

Barcelona como muchas otras ciudades en el mundo han vivido guerras, pero han tenido la capacidad de resiliencia y transformación social para que hoy sean referentes. Si somos colombianos con ganas de vivir, de hacerlo todo con el corazón, de sacar adelante a nuestro país, empecemos por lo más cercano y cotidiano; los comportamientos que tenemos en la interacción en nuestras colectividades de familia, organizaciones y ciudad; para responder al reto histórico de construir una cultura de paz.