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Metas con sentido

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Las organizaciones por esencia son un conjunto de personas que persiguen un objetivo común, el cual a su vez se convierte en el gran reto para ellas, porque requiere conformar equipos de trabajo que comprendan y vibren por alcanzar metas comunes que se conviertan en realidad.

Las metas se identifican y se divulgan, pero en varios casos no se comprenden y por ende no se alcanzan. Esto puede presentarse cuando las metas que se diseñan no son aspiracionales en búsqueda del bien común o metas que inspiren a los equipos y los motiven a realizar algo trascendental que aporte no solo al negocio, sino que, con su trabajo cotidiano, agregue valor a la construcción de una sociedad sostenible. Este carácter aspiracional y trascendental permite que el trabajo tenga un sentido y que el rol que cada uno desempeña cobre relevancia; porque frente a todas las necesidades urgentes de la sociedad se espera que las organizaciones establezcan sus metas de cara a este contexto para poder transformar estas realidades.
Encontrar sentido al trabajo que se realiza permite consolidar equipos, porque se tiene algo en común por lo cual trabajar y de esta manera convertir en acciones lo planeado. Es decir, pasar del dicho al hecho. Este es uno de los grandes retos de la dinámica organizacional, porque se diagnostica, se planea, pero en ocasiones se queda en ideas consignadas en documentos o en informes de seguimiento.

Llevar a acciones concretas que generen resultados de impacto requiere, además de la unión de esfuerzos de coordinación y articulación, de una visión sistémica del contexto, de aquel que se quiere transformar, de gestionar integralmente el talento de los equipos de trabajo; con ambientes colaborativos empáticos, y donde la comunicación sea la base.

Se habla de tener una comunicación asertiva, pero esto ya no es suficiente en los contextos laborales en los cuales estamos viviendo. Según un estudio de la Universidad de Harvard y Stanford, vivir bajo estrés laboral es igual de dañino que ser un fumador pasivo, también concluye que la inseguridad laboral como una “baja justicia organizacional” aumenta las probabilidades de enfermarse en 50%. Además, indica que un mal equilibrio familia-trabajo es tan dañino como las largas jornadas en la oficina. Según indica el estudio, los empleados que no pueden pasar tiempo con su familia por sus responsabilidades laborales, o viceversa, tienen una probabilidad 90% mayor de reportar una mala salud.

Con este escenario, la propuesta de Marshall Rosenberg, acerca de comunicación noviolenta adquiere relevancia y será uno de los factores determinantes para las organizaciones si quieren consolidar sus equipos y por ende alcanzar sus metas. Marshall propone que la comunicación noviolenta sea empática en donde se expresen sentimientos, deseos y necesidades en lugar de expresar críticas y juicios de valor, ya que, al conocer las necesidades, lo que se busca es satisfacerlas y canalizarlas de forma sana y compasiva, evitando el uso del miedo, la culpa, la vergüenza, la coerción y las amenazas.
La capacidad de escuchar y el uso adecuado de las palabras, son elementos esenciales de toda relación. En la comunicación noviolenta esta capacidad es la base para que más allá de estar a la defensiva, la evasión o el ataque, predomine la empatía y la autoempatía, con el fin de construir de forma diferente nuestras relaciones laborales.

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