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La gravidez y gravedad de El Niño

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Cuesta trabajo creer, con todo lo que ha sucedido en los últimos meses por cuenta del Fenómeno de El Niño, que este evento climático tan solo se trate de un anuncio con cierta probabilidad de que se materialice.

Desde finales del año pasado ya se hablaba de la posibilidad de que se desarrollara porque a pesar de que El Niño es impredecible, históricamente se ha presentado cada cuatro a seis años. Finalmente, el pasado mes de marzo, el instituto oceanográfico y atmosférico de los Estados Unidos (Noaa) emitió la alerta en la que avisaba de la alta probabilidad de ocurrencia a partir del segundo semestre del año. Inmediatamente los impactos de esta nueva información se empezaron a sentir en toda la economía colombiana. Algunos gremios han pedido subsidios y créditos para hacerle frente a la difícil situación; se suspendió la venta de gas natural a Venezuela para asegurar el adecuado abastecimiento del hidrocarburo a las plantas generadores de electricidad. En la Bolsa de energía, por su parte, kilovatio hora pasó de $140 a $466 en las tres semanas comprendidas entre el 30 de marzo y el 21 de abril.  

Recientemente hemos visto cómo se le atribuye el mal desempeño financiero de algunas empresas del sector eléctrico al fenómeno, que insisto, aún no se materializa. Surgen entonces dos inquietudes: ¿están las empresas del sector eléctrico completamente a merced de las condiciones climáticas? ¿Se puede hacer algo para minimizar el impacto de los riesgos financieros que enfrentan estas empresas y que afectan a usuarios e inversionistas?  

Para responder esto es necesario entender que no es falta de agua en el sistema la que genera las pérdidas, de hecho en este momento los embalses se encuentran al 75% de su capacidad máxima que es el nivel promedio de los últimos 10 años. Tampoco ha faltado energía, esto supondría un apagón general. Lo que afecta el desempeño de las empresas es la obligación de honrar, hoy, las obligaciones contraídas en el pasado. 

La práctica usual del sector eléctrico es realizar la contratación con varios años de anticipación logrando así estabilizar costos o ingresos futuros, pero, cuando alguno de los supuestos sobre los que se tomaron las decisiones (ej., hidrología, demanda, disponibilidad del recurso de generación, etc.) no se cumple, se está expuesto a pérdidas. No quiere decir esto que la suerte está echada, quiere decir que es necesario ir un paso más allá y que la gestión no concluye con la firma de un contrato del cual se validará su beneficio o perjuicio en el futuro. Es necesario, continuamente, realizar ajustes a medida que el futuro se vuelve presente y se tiene más información. 

Es importante considerar que la única forma en la que es posible esta gestión es a través de un mercado líquido que permita corregir y o ajustar las compras y ventas en el plazo adecuado. Es claro que este no es el espacio del mercado de contratos de largo plazo. 

En Colombia desde hace cuatro años Derivex ofrece el sistema idóneo para administrar este tipo de situaciones, sin embargo la formación de liquidez es una tarea que no depende exclusivamente de la capacidad de la infraestructura de atender las operaciones.  El desarrollo de los mercados depende de que exista neutralidad regulatoria que establezca las mismas condiciones para la cobertura del riesgo de precio cuando el contrato se hizo en forma bilateral que cuando se hizo a través de un mercado como el que ofrece Derivex. Por otro lado, es importante que las empresas del sector vayan incorporando en su gestión de riesgo los nuevos instrumentos que ya usan sus pares en mercados más desarrollados.  

Esperemos que dentro de cuatro a seis años o menos ante los caprichos de un clima sujeto a cambios, hayamos incorporado los nuevos instrumentos en el sector eléctrico tal como ya lo han hecho diversos sectores de la economía ante la volatilidad de la tasa de cambio.

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