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Un Galtieri tropical

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Rodrigo Botero Montoya

Nicolás Maduro ha ordenado a sus fuerzas armadas efectuar maniobras militares a lo largo de la frontera con Colombia. Con esta demostración de poderío marcial, está siguiendo el ejemplo de su antecesor, Hugo Chávez. Éste, en un momento de mal humor, ordenó por televisión que se enviaran tanques a la frontera occidental, tanques que no llegaron a su destino porque se les cayeron las orugas. Pero se hizo el gesto teatral. Estos desplantes tienen más relación con la ópera bufa que con la geopolítica. Los dirigentes colombianos se han acostumbrado a tratarlos en tono condescendiente y a reaccionar con prudencia. Así sucede con respecto a las recientes maniobras en la frontera.

Es razonable suponer que la insensatez de Maduro no llega hasta el extremo de querer provocar un conflicto con Colombia. Sin embargo, la reacción internacional al peligro que conlleva este despliegue aparatoso de fuerza refleja el temor de que un dictador desesperado optara por lanzarse a la aventura. Otro dictador latinoamericano, Leopoldo Galtieri, decidió ganarse el apoyo del sentimiento nacionalista al invadir las Islas Malvinas, confiando en que El Reino Unido carecía de capacidad para proyectar poder a miles de millas náuticas de distancia, en el Atlántico Sur. El fácil triunfo inicial sobre los pacíficos habitantes de Las Malvinas condujo a una catástrofe pocas semanas después, cuando los invasores tuvieron que entenderse con la Royal Navy y la infantería de marina británica.

El problema del régimen de Maduro es tener que administrar una catástrofe económica y humanitaria originada en su propia ineptitud y en las políticas disparatadas del Socialismo del Siglo XXI. Un conflicto bélico es, en esencia, una prueba de fuerza entre dos economías. Ése es el significado de la metáfora de Napoleón de que los ejércitos marchan sobre el estómago. En últimas, lo que cuenta es la capacidad de una nación para sostener el esfuerzo que implica un conflicto militar. Los estrategas bolivarianos hacen alarde de la potencia ofensiva de sus armamentos y del daño que podrían causarle a la nación vecina. Pero guardan silencio respecto a su situación económica.

La economía venezolana se encuentra en caída libre. Se estima que el PIB tendrá una reducción del orden de 25% este año. A las fallas del sistema eléctrico se agrega la escasez de combustible. El consumo de los hogares está condicionado por un salario mínimo mensual de US$2. La pauperización y el colapso del sistema de salud han causado la emigración de algo más de 14% de la población del país. El régimen está en bancarrota; su deuda soberana está en default. Si Maduro consultara sus planes bélicos con un economista competente, éste le explicaría que Venezuela no está para esos trotes.

A una dictadura con planificación central la desestabiliza compartir una frontera con una democracia liberal. Sus nacionales votan con los pies. Ésa es la crisis existencial del régimen venezolano. Sus efectos se manifiestan a diario en el Puente Simón Bolívar. Eso no se resuelve con maniobras militares.

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