Analistas

Las nuevas lecciones de Cristina Kirchner

Hace algunos años, cuando los países europeos sufrían las consecuencias de la crisis financiera, Cristina Kirchner acostumbraba dar lecciones en los foros internacionales y presentar el manejo de la economía argentina como modelo a imitar. Era parte del peculiar estilo diplomático kirchnerista que un editorial de La Nación de Buenos Aires describe así: ‘agresivo, arrogante, dispuesto siempre a crear conflictos, con la indignación y la petulancia como componentes centrales y permanentes…’

Las circunstancias han creado la necesidad de modificar ese discurso.  En parte porque, a pesar de las dificultades, los países europeos empiezan a salir de la crisis.  Pero además, porque el supuesto modelo económico del régimen resultó ser una ficción que se está desmoronando. No obstante unos términos de intercambio favorables para Argentina, y tasas de interés internacionales bajas, el gobierno enfrenta condiciones de estancamiento económico, con un ritmo de inflación superior a 30% anual. 

El nivel de reservas internacionales ha estado cayendo. La forma discrecional como se administra el control de importaciones crea fricciones con los socios comerciales, incluyendo a los integrantes de Mercosur.

Las autoridades económicas se esfuerzan por recomponer las relaciones con la comunidad financiera internacional, habida cuenta de la frágil situación económica.  Se requiere obtener una cuantiosa suma de recursos externos con el fin de evitar un colapso.  Esto ha implicado moderar el estilo prepotente con el cual se trataba a los acreedores y a los inversionistas extranjeros.  Luego de haber expropiado en el 2012, de mala manera,  la inversión de Repsol en la empresa petrolera YPF, anunciando que no se le iba a pagar, se decidió acordar una indemnización.  

Esa expropiación había deteriorado en forma innecesaria las relaciones diplomáticas con España. Se aceptó iniciar negociaciones con los miembros del Club de París para empezar a pagar las deudas pendientes con los gobiernos de los países industrializados.  Un obstáculo previsible para la negociación de la deuda en moratoria con los países miembros del Club de París es el requisito de que un eventual acuerdo deberá estar sujeto a la monitoría del Fondo Monetario Internacional, algo a lo cual se resiste Argentina.  

Aceptar este requisito requeriría normalizar las relaciones con el FMI, al cual no se le ha permitido hacer la revisión periódica de la economía argentina desde hace siete años. 

 El gobierno no parece dispuesto a implementar un programa coherente para reducir los desequilibrios que se han acumulado en las tarifas de servicios públicos, el precio de los combustibles y las cuentas fiscales. Se siguen utilizando recursos de emisión monetaria para financiar un gasto público desbordado.  Resulta difícil combatir la inflación, al tiempo que se niega su existencia.  El uso sistemático de la mentira ha destruido la credibilidad gubernamental.

En la etapa final de su mandato, y sin la posibilidad de perpetuarse en el poder, Cristina Kirchner está teniendo que reconocer que los hechos son tozudos y aprender que, como afirmaba Keynes, con la economía se puede hacer cualquier cosa, menos evitar las consecuencias.