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Las elecciones en Estados Unidos

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Una vez celebrados, al terminar el verano, los ritos ceremoniales de las convenciones partidistas, se inicia la etapa final de la campaña presidencial norteamericana.  Cumplida esa formalidad, los candidatos a la presidencia deben recorrer el país, dar a conocer sus programas y tratar de obtener el apoyo de los indecisos y los independientes.  El objetivo es obtener una mayoría del voto popular, pero sobre todo, la cifra  de 270 votos en el Colegio Electoral.  Se estima que los demócratas cuentan con 237 votos y los republicanos con 191 votos del total de 538. Los 110 faltantes corresponden a los nueve estados que decidirán la elección. El punto de partida sugiere una elección reñida, en la cual se prevé que el margen de triunfo sería estrecho, es decir, de uno o dos puntos porcentuales en el voto popular.

Mitt Romney, el candidato republicano dispone de varias ventajas: un amplio apoyo financiero a su campaña y una situación económica frágil que da lugar a un nivel de desempleo del orden de 8%.  Adicionalmente, un sector del electorado, representado por el Tea Party, considera ilegítimo a un gobernante que no sea blanco ni anglosajón.  Aunque sus integrantes no lo expresan en esos términos, su odio visceral hacia el presidente Obama los induciría a apoyar con entusiasmo a cualquier candidato distinto.  Este grupo extremista ha adquirido una influencia desproporcionada sobre la bancada parlamentaria republicana.  Ha logrado imponer sus concepciones ideológicas en la plataforma programática del partido.

Mitt Romney no ha logrado sacarle suficiente provecho a sus ventajas.  Eso obedece en parte a  deficiencias de organización, pero también a su  tendencia a hacer declaraciones desconcertantes.  Las convenciones están orquestadas como piezas de teatro. La de los republicanos presentó como invitado sorpresa a un personaje de la farándula, el actor Clint Eastwood, quien se dedicó a debatir con una silla vacía.  El evento principal de la convención demócrata fue la brillante intervención del ex presidente Bill Clinton.  Definió la propuesta republicana para derrotar a Obama así: ‘Le entregamos un desastre.  No la ha arreglado a la velocidad requerida.  Despídanlo y vuélvannos a llamar.’

Ahora bien, la situación económica  no es tan mala como quisieran los republicanos para efectos electorales.  Registra una leve mejoría. Las medidas expansivas de la autoridad monetaria para evitar una recaída de la actividad económica  han provocado la ira de los republicanos.  Algunos han propuesto acabar con el banco central y regresar al patrón oro.  Romney ha anunciado que no confirmaría a Ben Bernanke como Gobernador de la Reserva Federal cuando concluya su período a comienzos del 2014.

Romney ha dado varios traspiés al discutir temas internacionales y ha  demostrado carecer de sensibilidad social. Esos desaciertos causan malestar pero no definen las elecciones.  Eventos impredecibles durante las próximas seis semanas pueden determinar el resultado electoral.  Hecha esa salvedad, lo que indican las encuestas en los nueve estados indecisos y la opinión de los analistas políticos es que las tendencias actuales favorecen a Barack Obama.

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