Analistas

La degradación de Venezuela

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El grado de deterioro al cual se ha sometido a la sociedad venezolana está adquiriendo características dramáticas. Empiezan a escasear los superlativos para describir la magnitud de la catástrofe. Diecisiete años de megalomanía, de desmesura y despilfarro  han llevado a Venezuela al borde del colapso económico y de un estallido social.  Lo que se discute ya no es si habrá una suspensión de pagos de la deuda soberana, sino cuándo. La falta de alimentos y de medicamentos ha producido una crisis humanitaria.  

En medio de una actividad económica en caída libre, con una inflación de tres dígitos, las señales que emiten las autoridades son las de un régimen en etapa terminal.  Nicolás Maduro designó en enero como Ministro de Economía a un personaje pintoresco que  duró 39 días en el cargo. Una de sus contribuciones a la disciplina económica consiste en afirmar que la inflación no existe.   Para contribuir al suministro de alimentos, se ha creado un Ministerio de Agricultura Urbana cuya misión sería promover la siembra de cultivos en las ciudades. 

 En diciembre del 2013 se convirtió en ley el Plan de Patria, uno de cuyos grandes objetivos históricos era ‘Convertir a Venezuela en Gran Potencia Energética Mundial.’   En la actualidad el país ha empezado a importar petróleo de Estados Unidos  y está experimentando apagones.  Se les ha exigido a los centros comerciales y a los grandes hoteles generar su propia electricidad.  Poco después del anuncio presidencial de que los militares debían regresar a los cuarteles, se decide crear la Compañía Anónima Militar de las Industria Mineras, Petrolíferas y de Gas, cuyos directivos le reportan al Ministro de Defensa.   Maduro hace un llamado a aumentar la producción nacional, a la vez que amenaza con intervenir la empresa Polar, la principal productora de alimentos del país, e insulta a su presidente, Lorenzo Mendoza, llamándolo ‘bandido, oligarca y ladrón.’   

La falta de divisas para pagar las importaciones del sector privado, está paralizando la producción por falta de insumos y de repuestos.  Los anaqueles vacíos se han convertido en la imagen emblemática del Socialismo del Siglo XXI.  Esta forma de gobernar tiene los rasgos de una ópera bufa.  Pero las consecuencias para el pueblo venezolano son trágicas.  Las posibilidades de rectificar el rumbo, mientras subsista el actual gobierno, son mínimas.  Como anotaba Friedrich Schiller, ‘Contra la estupidez, hasta los dioses luchan en vano.’

El desconocimiento de la autoridad legislativa de la Asamblea Nacional pone de presente la naturaleza autoritaria del régimen.  Su política internacional se ha visto reducida a invocar la soberanía nacional para justificar las flagrantes violaciones de los derechos humanos.  El desastre venezolano tiene causas adicionales a la ineptitud de Maduro y la ignorancia de Chávez.  El error fundamental fue haber intentado implantar en Venezuela  un sistema socio-económico fracasado, cuya vigencia, sin excepción, requiere el establecimiento de una dictadura férrea.  Como advertía Albert Camus, ‘Las ideas falsas terminan en sangre, pero en todos los casos se trata de la sangre de otros.’
 

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