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Analistas 15/04/2021

Estados Unidos y China

Rodrigo Botero Montoya
Exministro de Hacienda

Uno de los principales problemas de política exterior que enfrenta el presidente Biden es el manejo de la relación con China. Sin ser todavía una situación de hostilidad declarada, Estados Unidos percibe a China como un país rival, como una potencia emergente que aspira a disputarle la primacía mundial. Se trata de una competencia en el frente económico, tecnológico y el de la influencia internacional.

Habida cuenta del tamaño de su población, China, con un nivel de ingreso por habitante modesto, tiene la segunda economía más grande del mundo, superada solo por la de Estados Unidos. La exitosa proyección exportadora hacia el mercado mundial, y una alta tasa de inversión, han dado lugar a un ritmo de crecimiento acelerado. Éste a su turno ha traído prosperidad y bienestar. Ha habido una notable reducción de la pobreza. China dispone en la actualidad de los recursos humanos y financieros que requiere el avance científico y tecnológico.

Se le atribuye a Napoleón Bonaparte la recomendación de dejar dormir a China, porque cuando despierte sacudirá el mundo. Sea cual fuere la autenticidad de la cita, esa predicción se ha confirmado.

Los dirigentes chinos son conscientes del poder que concede la transformación que ha experimentado su país en las últimas décadas. El desarrollo económico acelerado ha creado las condiciones para exigir que se reconozca a China como una potencia mundial. A los reclamos diplomáticos acerca de la supresión de las libertades en Hong Kong, el trato a la minoría musulmana y la amenaza de invadir a Taiwán, responden que esos son asuntos de carácter interno.

A las observaciones respecto al carácter represivo del régimen, la falta de democracia y la violación de los derechos humanos, responden que los conceptos occidentales de normas democráticas no tienen validez universal. Señalan las deficiencias del desempeño democrático estadounidense. Interpretan las críticas al autoritarismo gubernamental como una forma de negarse a reconocer la realidad del surgimiento de China.

El presidente Xi Jinping considera que ‘el Oriente está surgiendo y el Occidente está declinando.’ Ha declarado a Estados Unidos ‘la principal fuente de caos en el mundo actual.’ Asimismo, lo identifica como ‘la principal amenaza para el desarrollo y la seguridad de nuestro país.

Los dos gobiernos están haciendo explícitas las diferencias que existen en temas tales como el comercial, el tecnológico, y el de propiedad intelectual. La actitud adoptada por la administración Biden ha sido la de enfatizar la competencia, más bien que la confrontación. El carácter predominante de la rivalidad con China no es de tipo militar. No obstante, la eventualidad de que el gobierno de China intentara absorber por la fuerza a Taiwán, en cuyas aguas territoriales ha estado conduciendo maniobras militares agresivas, podría conducir a un conflicto con Estados Unidos.

El presidente Biden ha descrito la discrepancia con China como una prueba de fuerza a largo plazo entre la democracia y la autocracia. Esa competencia, a escala mundial, determinará los lineamientos de la política internacional de los próximos años.