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Beneficios del crecimiento

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Las noticias acerca del ritmo de actividad económica han quedado algo opacadas por la euforia colectiva que acompaña a los éxitos de la Selección Colombia en la Copa Mundo. A pesar de tener menor capacidad de movilización de la opinión pública que los triunfos deportivos, el crecimiento de 6,4% del PIB en el primer trimestre del año es un hecho sobresaliente. Ese desempeño supera al de los países latinoamericanos y se compara favorablemente con el de las naciones emergentes del resto del mundo. En este caso, no se trata de la recuperación posterior a una experiencia recesiva. Por el contrario, ha habido una intensificación del ritmo de crecimiento de 4,7% del PIB de 2013.

El crecimiento vigoroso es una poderosa herramienta para reducir la pobreza. La manera más eficaz de alcanzar ese objetivo es a través de la generación de empleo. La expansión del aparato productivo que ha tenido lugar, ha traído consigo una reducción significativa del desempleo. A la vez que se registra un aumento del empleo asalariado, el trabajo informal ha tenido una disminución acentuada.

Conviene hacer explícita la relación de causalidad que existe entre el crecimiento sostenido, la creación de empleo y la reducción de la pobreza. No sobra enfatizar la trascendencia de las implicaciones sociales del crecimiento. Algunos comentaristas bien intencionados tienden a minimizar la importancia del crecimiento económico, por considerarlo un embeleco tecnocrático que poco contribuye al bienestar de la población.

Si se logra mantener una tasa de inversión alta y mejorar la competitividad del aparato productivo, podría ser viable alcanzar un ritmo de crecimiento del orden de 5% en el año 2014. Esto se traduciría en un aumento de US$20.000 millones del PIB del país. El subsiguiente incremento del tamaño del mercado nacional crea nuevas posibilidades de actividad empresarial, promueve la inversión y abre fuentes adicionales de empleo.

La capacidad para mantener un ritmo de crecimiento satisfactorio con un entorno externo desfavorable es el resultado de una serie de reformas, cuyo impacto cumulativo empieza a hacerse evidente. La inserción en la economía internacional ha sido un factor de modernización empresarial. La participación del capital privado en las telecomunicaciones, los puertos y el sector energético le ha permitido al Estado dedicar recursos a temas como salud, educación, infraestructura y seguridad. La adopción de la regla fiscal redujo el costo de la deuda interna y externa.

El control de la inflación permite mantener tasas de interés moderadas, expandir el volumen de crédito y fortalecer el mercado de capitales. Erradicar la inflación debe ser un elemento central de la estrategia de desarrollo. Como afirma el economista brasileño Persio Arida “…la inflación perturba el funcionamiento del sistema de precios relativos, el mecanismo fundamental de una economía de mercado. Cuanto más alta es la inflación, menos eficiente tiende a ser la economía, y, por lo tanto, menor la tasa de crecimiento”.

Así pues, al tiempo que se celebran las hazañas futbolísticas, hay motivos para expresarle una discreta bienvenida al crecimiento económico. 

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