Analistas

Aislacionismo populista al estilo británico

Al escoger la opción del Brexit, en un momento de inconformidad y mal humor, los británicos han perjudicado a la Unión Europea y le han causado un grave daño al Reino Unido.  Un país desarrollado, que se precia de su madurez política, ha hecho, de manera apresurada, una escogencia económica calamitosa que ha dado lugar a un cambio abrupto de gobierno.  La decisión de David Cameron de convocar un referendo innecesario fue un acto de irresponsabilidad política.  Su gestión como Primer Ministro  terminó en un fracaso estruendoso.  El gobierno y los principales partidos políticos han quedado en una situación de desconcierto y confusión que The Economist describe como anarquía.

A corto plazo, los mercados reaccionaron al resultado del referendo con una fuerte caída en la cotización de la libra esterlina y una rebaja en la calificación de la deuda soberana británica.  Las consecuencias de mediano y largo plazo incluyen la posible desintegración del Reino Unido por la eventual secesión de  Escocia e Irlanda del Norte.

Al acoger las propuestas de aislacionismo populista, una nación promotora de la modernidad y respetuosa de las tradiciones descartó las directrices de su política internacional y de su comportamiento gubernamental.  Esa ruptura ha ocurrido con una ligereza sorprendente.   Lord Palmerston, el estadista de la época de la Reina Victoria, afirmaba que Inglaterra no tenía amigos eternos ni enemigos permanentes; Inglaterra sólo tenía intereses permanentes.  La manera implacable como los gobernantes británicos han defendido los intereses estratégicos, comerciales y diplomáticos de su nación dio origen al calificativo de Pérfida Albión por parte de sus adversarios.  En esta oportunidad, han prevalecido los intereses personales de los protagonistas políticos.

Una constante histórica de las relaciones del Reino Unido con el resto de Europa fue la voluntad de impedir que ninguna potencia estuviera en capacidad de ejercer una posición dominante al otro lado del Canal de la Mancha.  La doctrina de preservar el Equilibrio del Poder le permitió a la Gran Bretaña desempeñar un papel decisivo en la política europea durante largo tiempo.  Al marginarse del proyecto de unificación europea, el Reino Unido contribuye a afianzar el liderazgo de la República Federal Alemana en el Continente.

La contribución británica al arte del gobierno, bajo el imperio de la ley, es consecuencia de la solidez de las instituciones, el ejercicio parlamentario y una arraigada vocación democrática.  Los colegios y las universidades donde se forma la élite política británica les transmiten a sus egresados el concepto de la seriedad con la cual deben conducirse las responsabilidades gubernamentales.  Esas enseñanzas estuvieron ausentes de la discusión de un tema trascendental y de sus implicaciones.

Los británicos han demostrado tener la capacidad para mantener la compostura en épocas de adversidad.  Cuando los gobernantes del Reino Unido tengan que negociar la salida de la Unión Europea, en condiciones de capitis diminutio, es de esperar lo hagan con el estoicismo y el cuidado por las formas con los cuales sus antecesores administraron la liquidación del Imperio Británico.