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El ajiaco más caro del mundo

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Como muchos colombianos quisimos poner a producir una pequeña parcela en asocio con los campesinos expertos, curtidos y sabios iniciamos el proceso de conseguir la semilla, los abonos y el préstamo el cual este último no sirvió pues los trámites, las exigencias y la burocracia no se compadece de los tiempos ni de la realidad de los pequeños proyectos asociados al campo. Tampoco aquí funciona la aritmética de los bancos pues los intereses son exagerados debido a que la agricultura es considerada de alto riesgo.

Con dificultades y recortando el terreno a sembrar arrancamos a riesgo y con préstamos personales de amigos y conocidos. El sembrado tuvo las vicisitudes y contingencias de cualquier cultivo que con mucho trabajo, más  deuda y mas oraciones los solucionamos teniendo una excelente cosecha de papa de año.

Hecho lo anterior procedimos a venderlo con los acopiadores en la zona pero a los socios y financiadores nos pareció injusto que la papa costara 40% más cara en Bogotá y en una decisión derribada de una lógica de precios decidimos contratar un camión para llevarla al mercado de la ciudad.

Los primeros bultos los vendimos al precio de mercado bien al colegio de nuestros hijos, restaurantes con conocidos y amigos, pero la cantidad no era ni la mitad de los bultos que teníamos para la venta y en el garaje del edificio, generando incomodidades estéticas a nuestros vecinos.

La experiencia termina, como única opción, haciendo una donación a un ancianato para no perderla, lo que es muy bueno pues estas instituciones que recogen abuelitos en las calles no cuentan solo con ayuda de Dios, pero igualmente en el mundo de los negocios y el trabajo toco responderle a los campesinos y asociados a la empresa de la siembra de papa, y obviamente a precios de Bogotá, pues ellos me encargaron de la comercialización.

Lo bueno además de la acción altruista por conveniencia y la experiencia fue el rico ajiaco, puré, croquetas y recetas de cocina que monopolizaron el menú familiar.

Lo malo y lo dramático es encontrarse con que el cultivo de la tierra esta en mano de banqueros, prestamistas y comercializadores que se quedan con todo ante la imposibilidad de tener opciones, por un lado, y por el otro la felicidad y oportunidad de los importadores de papa, mango, arroz, café, maíz y otros productos que considerábamos totalmente nuestros.

Que bueno seria traer experiencias de sociedades que respetan, quieren y apoyan a sus pequeños agricultores y ganaderos como lo hace Francia o mejor aun Suiza que también saben de la importancia de producir alimentos, de la cohesión social a través de organizaciones de productores, del desarrollo de las regiones con acceso a buena educación y salud, de la importancia de desarrollar conocimiento alrededor de nuestras capacidades y de geopolítica que se hace con la ocupación y el cuidado del territorio.

Importante resaltar el trabajo de la fundaciones de muchas empresas, petroleras, mineras, eléctricas, con presencia en la ruralidad colombiana han venido desarrollando programas a través de extensión agrícola, créditos solidarios, ferias de promoción agropecuaria en alianzas con los gremios y obviamente con la institucionalidad donde los dirigentes tiene el mismo entendimiento del desarrollo.

Los invito que en los puentes Emiliani y vacaciones se den el gusto de parar en la carretera y en los pueblos para comprarles a los campesinos que sacan sus cosechas y productos para poder ganar un poco mas por su trabajo ejemplar y digno, que lo han puesto a competir con los productos subsidiados de otros países.

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