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Analistas 01/05/2022

De los lelos y atembados

Ramiro Santa
Presidente Sklc Group
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Después de un esfuerzo mundial para salvar la especie humana, donde el mundo se paralizó, se tomó de la mano y saco lo mejor de todos y cada uno de los habitantes del planeta, después de hacer actos de constricción, darle el valor a lo realmente importante en la vida y expresarla en amor, solidaridad y capacidad de admiración por los demás y gratitud por quienes salvaban vidas con su conocimiento, generosidad y entrega; poco a poco las personas, las familias y las comunidades fueron reconstruyendo su nueva realidad, todos con la tranquilidad del alma, todos con alegría de ver cómo unos crecieron y otros solo con la gratitud de estar aún con vida y salud, habiendo perdido seres queridos, bienes y oportunidades, pero con dignidad y esfuerzo reconstruyendo posibilidades para poder vivir, poder ayudar a sus seres queridos y aportar a la sociedad.

Hoy vemos actividades novedosas y soluciones a nuevas necesidades que son atendidas por empresas o por emprendedores que han desarrollado otras formas de producir, vender, aprender y conectar.

Pero lo que es aún más extraordinario en el caso colombiano es la capacidad de los empresarios de la calle, de la microempresa, de las pymes y de las grandes empresas, de los empleados privados y públicos que tuvieron que, con el alma y la vida herida por la devastación de la pandemia, soportar otro embate debido los ataques de los paros y bloqueos organizados por el oportunismo de políticos que, utilizado la desesperanza, tristeza y frustración, atacaron el transporte de todos, bloquearon las vías de todos, dañaron los bienes públicos, la posibilidad de trabajar.

Personas que fallecieron por que no las dejaron llegar a los hospitales y médicos y medicinas que quedaron atrapados. Todos los colombianos fueron víctimas de la destrucción de 58 estaciones de transporte masivo en Cali, $6.900 millones en daños en el de Bogotá, 40.000 negocios pequeños y grandes quebrados, policías cumpliendo con su deber quemados y asesinados, así como vidas perdidas de jóvenes manipulados y usados por los organizadores y financiadores de esos eventos.

Un año se cumple de estos ataques sistemáticos, planeados y ejecutados con el objetivo de generar una hecatombe política y que, en el caso colombiano, únicamente dejó más sufrimiento, tristeza y pobreza a todas las personas.

En esta semana, los mismos anunciaron a través de sus esbirros que se celebraría el primer año del paro, pero equivocadamente se pensó que era una invitación a un evento de reconocimiento del daño, solicitud de perdón o de alguna forma de resarcimiento a tanto daño, que lamentablemente no fue y, por el contrario, hubo ataques, otra vez, en las ciudades donde explícitamente los alcaldes han censurado a la policía.

La incógnita que subyace es si el pueblo, y los lideres y empresarios colombianos, mantienen la esperanza en la paz o si unos, los que atacan, son unos atembados obedeciendo a sus caudillos, y los otros, que reciben los ataques y vejámenes, están completamente lelos.

Hoy solo queda solidarizarse con el dolor de las víctimas de estas acciones violatorias de todos los derechos. E igual de importante pensar en elegir bien.

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