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Después de un esfuerzo mundial para salvar la especie humana, donde el mundo se paralizó, se tomó de la mano y saco lo mejor de todos y cada uno de los habitantes del planeta, después de hacer actos de constricción, darle el valor a lo realmente importante en la vida y expresarla en amor, solidaridad y capacidad de admiración por los demás y gratitud por quienes salvaban vidas con su conocimiento, generosidad y entrega; poco a poco las personas, las familias y las comunidades fueron reconstruyendo su nueva realidad, todos con la tranquilidad del alma, todos con alegría de ver cómo unos crecieron y otros solo con la gratitud de estar aún con vida y salud, habiendo perdido seres queridos, bienes y oportunidades, pero con dignidad y esfuerzo reconstruyendo posibilidades para poder vivir, poder ayudar a sus seres queridos y aportar a la sociedad.
Hoy vemos actividades novedosas y soluciones a nuevas necesidades que son atendidas por empresas o por emprendedores que han desarrollado otras formas de producir, vender, aprender y conectar.
Pero lo que es aún más extraordinario en el caso colombiano es la capacidad de los empresarios de la calle, de la microempresa, de las pymes y de las grandes empresas, de los empleados privados y públicos que tuvieron que, con el alma y la vida herida por la devastación de la pandemia, soportar otro embate debido los ataques de los paros y bloqueos organizados por el oportunismo de políticos que, utilizado la desesperanza, tristeza y frustración, atacaron el transporte de todos, bloquearon las vías de todos, dañaron los bienes públicos, la posibilidad de trabajar.
Personas que fallecieron por que no las dejaron llegar a los hospitales y médicos y medicinas que quedaron atrapados. Todos los colombianos fueron víctimas de la destrucción de 58 estaciones de transporte masivo en Cali, $6.900 millones en daños en el de Bogotá, 40.000 negocios pequeños y grandes quebrados, policías cumpliendo con su deber quemados y asesinados, así como vidas perdidas de jóvenes manipulados y usados por los organizadores y financiadores de esos eventos.
Un año se cumple de estos ataques sistemáticos, planeados y ejecutados con el objetivo de generar una hecatombe política y que, en el caso colombiano, únicamente dejó más sufrimiento, tristeza y pobreza a todas las personas.
En esta semana, los mismos anunciaron a través de sus esbirros que se celebraría el primer año del paro, pero equivocadamente se pensó que era una invitación a un evento de reconocimiento del daño, solicitud de perdón o de alguna forma de resarcimiento a tanto daño, que lamentablemente no fue y, por el contrario, hubo ataques, otra vez, en las ciudades donde explícitamente los alcaldes han censurado a la policía.
La incógnita que subyace es si el pueblo, y los lideres y empresarios colombianos, mantienen la esperanza en la paz o si unos, los que atacan, son unos atembados obedeciendo a sus caudillos, y los otros, que reciben los ataques y vejámenes, están completamente lelos.
Hoy solo queda solidarizarse con el dolor de las víctimas de estas acciones violatorias de todos los derechos. E igual de importante pensar en elegir bien.
Aunque las tasas más altas encarecen el crédito y pueden enfriar de manera transitoria la actividad económica, los beneficios superan los costos
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Esta danza de millones ha cobrado una urgencia casi febril bajo la narrativa de la Casa Blanca. Donald Trump ha sido enfático en su retórica de grandeza, presionando para que el hombre vuelva a pisar la superficie lunar antes de que expire su mandato