MI SELECCIÓN DE NOTICIAS
Noticias personalizadas, de acuerdo a sus temas de interés
En muchas empresas el networking se ha entendido como “hacer contactos” para vender, ascender o conseguir favores. Pero dentro de una organización, la conexión humana es mucho más que una estrategia profesional: es un determinante de cultura, un factor de salud mental y física, y un predictor real de compromiso, colaboración y permanencia.
Hoy, ese tema dejó de ser “blando”. La Organización Mundial de la Salud, OMS, ya lo está tratando como una prioridad global. La soledad: de problema personal a riesgo público (y corporativo).
La OMS, a través de su Comisión de Conexión Social, reporta que una de cada seis personas en el mundo experimenta soledad, pero no se trata solo de tristeza: la OMS advierte que la soledad está asociada a impactos relevantes en salud y bienestar, y su informe estima que se vincula con más de 871.000 muertes al año (aprox. 100 muertes por hora).
En paralelo, el Cirujano General de EE.UU. (documento de referencia global en salud pública) sintetiza evidencia robusta: la soledad y el aislamiento social se asocian con un mayor riesgo de muerte prematura (cifras reportadas en su advisory: 26% y 29%, respectivamente). Así mismo, la científica ha documentado consistentemente la relación entre aislamiento/soledad y mortalidad en metaanálisis de gran escala.
¿Qué tiene que ver esto con la empresa? Todo. Porque el lugar donde un adulto pasa la mayor parte de sus días no es la casa: es el trabajo. Si el trabajo se convierte en un ecosistema frío, transaccional y fragmentado, la cultura se deteriora… y también la salud de la gente. Cultura organizacional: no es lo que “decimos”, es lo que “conectamos”.
Desde la psicología organizacional, la cultura no se sostiene con eslóganes, sino con microinteracciones repetidas: conversaciones, apoyos, reconocimiento, colaboración, sentido de pertenencia. El networking interno es el sistema circulatorio de esa cultura: conecta áreas, reduce silos, acelera decisiones y construye confianza. Cuando esa red se rompe, aparecen síntomas típicos: “cada área por su lado” (silos), miedo a pedir ayuda (baja seguridad psicológica), rumores y mala interpretación (déficit de comunicación), desgaste emocional (estrés, cinismo, desconexión) y rotación, especialmente en talento clave. El dato incómodo: sin amistades, no hay compromiso sostenible.
Gallup ha mostrado reiteradamente que tener un “mejor amigo” en el trabajo se asocia fuertemente con resultados de negocio (retención, seguridad, productividad) y con una experiencia laboral más saludable. En otras palabras, la gente no renuncia solo al salario; renuncia a entornos donde se siente invisible.
Si la OMS ya está poniendo la conexión social en la agenda global, las empresas no pueden tratarla como un “tema de bienestar” secundario. La conexión humana es infraestructura cultural: reduce soledad, aumenta cooperación y sostiene el desempeño cuando llegan las crisis. La pregunta para líderes no es si deben promover networking interno, sino: ¿su empresa está diseñando un entorno donde la gente se siente vista, respaldada y conectada… o solo evaluada?
Los procesos evaluativos y los datos son una inversión, no un gasto: permiten mejores diagnósticos, optimizar la implementación, tomar decisiones más acertadas y de mayor impacto
Somos una sola especie. Dependemos unos de otros. Compartimos riesgos y oportunidades. La tecnología impone ajustes frecuentes
La pregunta para América Latina es incómoda: ¿qué tipo de líderes estamos formando? ¿Abogados que protegen el statu quo o ingenieros que construyen el futuro? ¿Reguladores o innovadores? La formación no es un detalle académico