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Analistas 13/05/2022

Debilitar la propiedad intelectual

Philip Stevens
Director ejecutivo de la Geneva Network en Londres

Las vacunas son las grandes responsables de que la pandemia haya ido desapareciendo de los titulares después de dos años. Actualmente hay diez vacunas recomendadas por la OMS contra la covid-19, una enfermedad que era desconocida en diciembre de 2019.

Este triunfo de la innovación ha sido replicado del lado de la producción: a diciembre del 2021 se habían elaborado 12.000 millones de dosis, suficientes para inocular a la población mundial. Actualmente la oferta de vacunas excede por mucho la capacidad de distribución global. Desde junio de 2021, el número de acuerdos de producción entre empresas ha aumentado de 93 a 357. Esto ha sido posible gracias a la certeza legal que brindan los derechos de propiedad intelectual, que han permitido que incluso rivales comerciales cooperen compartiendo compuestos propios, plataformas y tecnologías para desarrollar nuevas medicinas e inundar el mercado en tiempo récord.

Aún así, algunos gobiernos y ONG sostienen que los países en desarrollo tendrían un acceso más expedito a las vacunas si se suspenden los derechos de propiedad intelectual. Ese es el argumento detrás de una propuesta planteada en el seno de la Organización Mundial del Comercio y que se encuentra ahora en las últimas etapas de negociación.

Eliminar o debilitar los derechos de propiedad intelectual en tiempos de pandemia sería contraproducente, puesto que minaría los incentivos para invertir en nuevas tecnologías y tratamientos. Por ejemplo, en el caso de las vacunas mRNA, el esfuerzo altamente especulativo detrás de esta tecnología solo dio resultado luego de décadas de intentos y ahora ofrece el potencial de soluciones rápidas a pandemias futuras y a otras enfermedades, incluyendo malaria y cáncer.

Si se socavan los derechos de propiedad intelectual, pocas empresas estarían dispuestas a comprometer recursos para desarrollar vacunas y medicamentos en una pandemia, o a entrar en acuerdos internacionales de colaboración y transferencia tecnológica. Esto dejaría al planeta dependiente de modelos de código abierto o libre de propiedad intelectual. Los precedentes no son promisorios. Una vacuna sin patente de la Universidad de Helsinki no pudo asegurar financiamiento para las pruebas clínicas.

Los gobiernos más bien deberían enfocarse en medidas para acelerar genuinamente el acceso a vacunas y medicamentos. Una manera sería impulsar una mayor armonización regulatoria a nivel global. Según Richard Hatchett, director general de la Coalición para Innovaciones en Preparación para Pandemias, si cada país condujera su propio proceso de revisión de vacunas, eso obligaría a un fabricante a someterse a 190 procesos regulatorios distintos.

Además, múltiples barreras comerciales han trastornado la disponibilidad global de las vacunas. Las restricciones a las exportaciones impuestas por India en abril de 2021 significaron que Covax se atrasara por 190 millones de dosis para junio de 2021, lo cual atrasó la respuesta a la pandemia en los países de menor ingreso. Los gobiernos deberían comprometerse en el marco de la OMC a que eso no pueda volver a ocurrir.

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