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Analistas 28/12/2020

Lo que 2020 no se llevó

Paula García García
Conductora Red+Noticias

Termina uno de los años más difíciles de la historia reciente. El año en el que los sistemas de salud, las economías, la responsabilidad ciudadana y hasta la fe se pusieron a prueba. El 2020 se llevó familiares, amigos, negocios, empleos, nos quitó libertades. Pero en Colombia, con la polarización, definitivamente no pudo.

Para el país resultó complejo consensuar cada paso del manejo de la crisis que desató la pandemia. Decisiones trascendentales sobre cómo y cuándo confinarnos o en qué momento flexibilizar las restricciones, lejos de unirnos como nación, estuvieron marcadas por polémicas y acusaciones de gran despliegue mediático. La manipulación de la incertidumbre, que suele dar réditos políticos, sacó a relucir mezquindades y la llegada de la vacuna se convirtió en el florero de Llorente.

Las diferencias, que primero se manifestaron entre algunos mandatarios, derivaron en una confrontación de instituciones. Hasta la posibilidad de un carcelazo para el Ministro de Salud, por no acatar un fallo de tutela, estuvo sobre la mesa.

En medio de tanto dolor, los colombianos tuvimos que convivir con enfrentamientos que poco a poco subieron de tono. Ni el devastador coronavirus logró hacernos caminar para el mismo lado.

Es lamentable que cerremos tan oscuro ciclo más separados de lo que lo empezamos. Sin embargo, el panorama a futuro no es alentador y de seguro se pondrá peor. A menos de dos años de la próxima contienda presidencial quienes están curtidos en el oficio de hacerse contar en las urnas saben que una coyuntura como la actual tiene un potencial electoral imposible de desperdiciar.

Recibiremos 2021 y algunas cosas seguirán igual. La herencia transformadora que dejará este virus no será capaz de sepultar rencillas y afanes de protagonismo. Inmersos en una profunda división política y social, influenciada por populismos de todas las orillas, tendremos que seguir asumiendo el reto de salvar cuantas vidas sea posible y levantar la golpeada economía.

Aunque genera esperanza el acto simbólico de dejar atrás las hojas de un calendario impregnado de angustia, debemos prepararnos para continuar lidiando con una Colombia que se resiste a trabajar como equipo. Capotear discursos oportunistas será uno de los objetivos. No todo lo que resulta nocivo se irá con este año que quisiéramos tirar a la bolsa del olvido.