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ANALISTAS 19/08/2026

El empresariado colombiano

Paula García García
Conductora Red+Noticias

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De villanos a protagonistas. Esta corta sentencia resume parte importante del momento actual de país. Uno que nadie tenía en el radar y que, sin avisar, a las 7:34 de la mañana del lunes 10 de agosto, cambió los planes de una Colombia que se preparaba para el inicio del nuevo gobierno en medio de lo de siempre: pugnas políticas y una oposición tan prevenida que incluso antes de la toma de posesión de De la Espriella ya lanzaba incisivos dardos.

Como de costumbre; con enorme facilidad y buena dosis de prepotencia, atafagamos la vida con proyectos, cazamos peleas que juramos eternas y a los cuatro vientos presumimos la que creemos una hoja de ruta segura cual si los imprevistos no existieran.

Las tragedias descolocan, no obstante, hablan, y en este caso particular el devastador terremoto miró de frente a esos actores de la sociedad que durante cuatro años fueron satanizados, tildados de esclavistas, codiciosos y enemigos del pueblo. Cuatro años después, en medio del duelo nacional, aquellos vilipendiados se convierten en pieza fundamental para la reconstrucción de ciudades, municipios y departamentos enteros que se vinieron al suelo. Un atropellado llamado a la reconciliación, a la vez un punto de encuentro ineludible.

De miopes sería negar que en manos de los empresarios y del trabajo mancomunado con el Estado, −del que tantas veces en cabeza de la administración anterior recibieron solo portazos−, está la capacidad de responder con prontitud, pero también con asertividad a la magnitud del desastre. Y es que, más a allá de levantar cimientos en tiempo récord, se trata de una oportunidad histórica para saldar deudas históricas. Buenaventura, en el Valle del Cauca, y Chocó, en toda la extensión de su geografía, sin duda, los mayores retos.

Paradójicamente, dos desafíos que emanan del vacío que deja una catástrofe que apagó la existencia de cientos de compatriotas mientras emerge la posibilidad de hacer las cosas bien, de una vez por todas.

El sector privado ha estado a la altura de las circunstancias. $550.000 mil millones recaudados en menos de ocho días entre el Congreso de la Andi, la familia Santodomingo, Jaime Gilinsky y David Vélez; dan cuenta del compromiso. Sin embargo, debe materializarse en un acuerdo carente de fecha de caducidad, capaz de trascender la premura para convertirse en la constante. La mano extendida tiene que permanecer más allá de la destrucción que causó el inclemente sacudón de la tierra al igual que la postura del Ejecutivo de desmontar, con hechos, narrativas tan dañinas alrededor de los generadores de riqueza. Discursos que, con el único objetivo de alimentar resentimientos, lograron incrustarse con fuerza.

Pese al dolor innegable, es el tiempo para el relanzamiento de un trabajo en equipo real entre la gestión pública y el músculo del sector productivo. Una etapa renovada está obligada a empezar a escribirse sobre la base de las necesidades de los territorios. Muchos de ellos en pleno siglo XXI sin agua potable, deficiente servicio de energía, educación a medias, trochas intransitables y una larga lista de etcéteras que desde la comodidad de los grandes centros urbanos se termina ignorando. Llegó la hora de la descentralización y del capitalismo consciente. Llegó la hora de un liderazgo que lo haga posible.

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