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Analistas 08/07/2023

El desprecio: ¿nueva forma de lucha?

Paula García García
Conductora Red+Noticias

Ya vamos en clase media arribista. Un calificativo que de voz del jefe de una nación suena bastante desafortunado. Odioso concepto que promete hacer carrera junto al del esclavismo o las élites opresoras y que seguro escuchemos en repetidas ocasiones de boca del actual gobierno. El nuevo episodio, lejos de ser una polémica trasnochada, amerita, pese a los oídos sordos, insistir en varios llamados.

Los vaticinios se cumplieron. Tras el descalabro en su primer año, el Presidente, se radicaliza. Toma la riesgosa y triste decisión de apelar a sus bases. Esas, que según confirman las distintas mediciones, lucen estancadas en un tímido 30%. Sin embargo, consciente de que sus soberbias maneras le restan gobernabilidad y apoyo popular; parece decidido, el mandatario, a cerrar toda puerta que implique bajar la cabeza.

Es triste, repito, pues de quererlo podría ser este el mejor momento para mostrarse como un líder que escucha y comprende. Que reconoce y reflexiona. Un viraje sincero en su actitud lo llevaría a recuperar la confianza de los millones de ‘no petristas’ que decidieron darle su voto, pero que hoy, entre decepcionados y asustados, se arrepienten de su apuesta.

¿Qué pasaría si desde Casa de Nariño dejan el desprecio? Porque los desplantes continúan. A la Convención de Asobancaria, hace un par de semanas, por ejemplo, canceló a última hora la vicepresidenta Francia Márquez y la ministra de Agricultura, Jenifer Mojica, sin siquiera disculparse, llegó tarde al panel en el que se discutía sobre el agro como pilar fundamental del desarrollo sostenible en Colombia.

Tampoco asistió al Foro de Salud de la Andi el ministro Guillermo Jaramillo y panorama similar se vivió en el Congreso de la Asociación Nacional de Empresas de Servicios Públicos y Comunicaciones. Allí, estaba anunciada la ministra de Minas, Irene Vélez, para hablar de transición energética; no obstante, la funcionaria prefirió viajar a Alemania y en su lugar delegaron al Viceministro de la cartera. Por fortuna, en este caso, el trueque decantó en un representante mejor preparado en la materia.

Lo cierto es que el desdén hacia los espacios de debate se volvió costumbre. Poco importa que los asuntos a discutir estén relacionados con los que dicen son sus proyectos bandera y mucho menos interesa que quienes los convoquen sean los actores que el Estado necesita para echarlos a andar. Por testarudez, ego desmesurado, resentimiento o una triple mezcla, se niegan al intercambio de ideas.

¿Qué pasaría si en lugar de imponer, ofender y descalificar, se integran? Empresarios, gremios y académicos han extendido hasta el cansancio su invitación a trabajar en equipo. ¿Qué tal explorar ese camino? ¿Qué tal una pequeña dosis de humildad para argumentar sus propuestas?, ¿qué tal dejar la repulsión a la discusión y el miedo a conceder la razón? La ‘agenda del cambio’, válida por supuesto, en una democracia -importante recordarlo-, exige consensos. Solo así se legitiman los procesos.

Recomponer su discurso no lo hace débil, Presidente, si acaso ese es su temor. Por el contrario, lo engrandece. ¿Enfrentar media Colombia con la otra media va a seguir siendo el camino? ¿Se ha detenido a pensar lo que puede desencadenar? El desprecio también conoce la doble vía y el país está exhausto.

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