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Algunas malas ideas simplemente no mueren

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Y supongo que esto siempre es así. No obstante, el debate económico desde la crisis de 2008 ha parecido estar inusualmente infestado de cucarachas. Los malos argumentos siguen regresando, sin importar cuántas veces hayan sido refutados por la evidencia.

A principios de mes, Jonathan Chait, de la revista New York, encontró que Kevin Williamson, de la National Review, revivía por enésima vez en una entrevista la afirmación de que el Presidente Obama es un fracaso económico (pese a un historial de creación de puestos de trabajo mejor que el de su predecesor, o mejor que el de cualquier otro país desarrollado) porque la economía estadounidense no tuvo una recuperación rápida en forma de “V” luego de la crisis de 2007-09.

El punto clave aquí es que la recuperación lenta no fue una sorpresa. En su artículo (léalo aquí: nym.ag/22peubL), el Sr. Chait enfatiza el análisis económico Reinhart-Rogoff sobre las secuelas de la crisis económica, que ciertamente fue influyente, pero mucha gente (incluyéndome) pronosticó una recuperación débil.

El argumento era que Estados Unidos sufría una recesión post moderna. Al contrario de la doble recesión de 1979-82, por ejemplo, ocasionada por aumentos en las tasas de interés para combatir la inflación, el 2007-09 fue producto del exceso del sector privado: las tasas de interés no eran muy altas, para empezar, y ni siquiera reducirlas a cero bastó para compensar la corriente descendente del quiebre de la vivienda y la crisis bancaria. Por tanto, las armas normales para combatir la recesión se quedaron sin balas. Un estímulo fiscal sostenido habría llevado a mejor recuperación, pero eso no pasó; la Ley de Recuperación de 2009 fue muy chica y muy breve (otra vez, algo que muchos pronosticamos con anticipación).

Pero el punto más general es que hemos vivido esto repetidas veces. El debate por las causas de la recuperación lenta forma parte de un debate más amplio sobre modelos económicos; un lado pronosticaba inflación descontrolada y tasas de interés altísimas, mientras que el otro, usando el mismo enfoque general que pronosticaba una recuperación lenta, predijo inflación y tasas de interés inactivas.

Raras veces en la historia económica los eventos han reivindicado tan completamente a un lado de un debate, y desacreditado tan completo al otro lado.

Y pese a ello, los mismos viejos argumentos siguen saliendo a relucir, sin reconocimiento de que ya hemos tenido esta discusión. ¿Alguien podría enviar esto al motel de cucarachas donde pertenece?

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