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Analistas 23/07/2026

El rally poselectoral tiene fecha de vencimiento

Carlos David Alape Gamez
Analista de Mercados en Aval Asset Management, experto en Economía y Finanzas, investigador y docente universitario

El triunfo de la oposición en las elecciones presidenciales llevó a los mercados colombianos a un rally clásico de reacomodo de expectativas. El peso se ha apreciado, las acciones han subido y las tasas de los TES han caído. Esa valorización ya se acerca a una zona de sobrerreacción, lo que eleva la probabilidad de una corrección antes o después de la posesión presidencial.

El comparador no es arbitrario. Chile celebró en 2025 unas elecciones que llevaron a un cambio de gobierno del mismo signo político, de izquierda a derecha, concretado con la posesión presidencial de marzo de 2026. El comportamiento de sus mercados entre un mes antes de la segunda vuelta y 90 días después de la posesión ofrece una plantilla razonable. Si Colombia sigue ese guion, la valorización actual podría extenderse hasta los días previos a la toma de posesión y solo después empezaría el ajuste.

La magnitud del caso chileno da una idea de qué tan grande podría ser la corrección. El peso chileno se apreció cerca de 10% durante la fase de optimismo inicial. En un escenario equivalente para Colombia, una corrección posterior implicaría una depreciación cercana a $300, con la tasa de cambio aproximándose a $3.550. El rendimiento de la deuda pública en moneda local a diez años subió cerca de 50 puntos básicos en el caso chileno y el mercado accionario retrocedió alrededor de 11%, sin recuperar, dentro del periodo estudiado, los máximos alcanzados antes de la posesión.

Hay una razón estructural para pensar que el ajuste en Colombia podría ser incluso mayor que el de Chile. El país se encuentra por debajo del grado de inversión en las calificaciones de S&P y Fitch, aunque Moody’s todavía lo mantiene en el último escalón de esa categoría. Esto implica una prima de riesgo más alta y, por tanto, una mayor sensibilidad de los activos locales ante cualquier revisión de expectativas. Un mercado que parte de una base de riesgo más costosa suele corregir con más fuerza cuando el optimismo inicial se enfría.

La pregunta de fondo no es si el mercado se equivocó al reaccionar positivamente a la elección, sino qué está descontando exactamente. Los mercados incorporan con rapidez el cambio de expectativas asociado a un giro político, sobre todo cuando este sugiere un viraje en la política económica. Pero, una vez el nuevo gobierno toma posesión, el foco de los inversionistas deja de estar en la promesa y pasa a la capacidad real de cumplirla: aprobar reformas, corregir el desbalance fiscal y ejecutar lo prometido en campaña.

Ese cambio de enfoque, más que un deterioro de los fundamentos, es lo que suele desencadenar la corrección. Si las expectativas que el mercado ya descontó resultan más generosas que los avances observados en la práctica, el ajuste de precios es casi mecánico. No es una señal de que la economía haya empeorado. Es la diferencia entre comprar una promesa y pagar por un resultado.

Para el inversionista colombiano, la lectura práctica es simple. La fase de rally por expectativas puede tener todavía algo de recorrido hasta la posesión, pero el terreno después de esa fecha será otro y probablemente más exigente.

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