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Recuerdo como si fuera ayer la posesión del presidente Uribe en 2002. Han pasado 24 años y, en muchos aspectos, pareciera que Colombia sigue en las mismas. Quizás el mayor problema de todos es que nunca hemos construido una verdadera visión de país a largo plazo; cada Gobierno llega con sus prioridades, modifica el rumbo y comienza de nuevo.
Al final es más lo que se destruye que lo que se construye y avanzamos poco porque nunca hemos decidido hacia dónde queremos ir como nación.
Ahora que parece abrirse una nueva oportunidad para Colombia, vale la pena hacernos una pregunta sencilla: ¿Qué decisiones deberíamos tomar para construir un país desarrollado para 2050, que resuelva los problemas de pobreza y que nos coloque a otro nivel?
En diversos centros de pensamiento he tenido la oportunidad de explicar por qué seguimos en el subdesarrollo y hoy quiero compartir por este medio siete razones que, a mi juicio, explican buena parte del problema y los correctivos que deberíamos adoptar:
1. Tenemos planes de desarrollo a cuatro años que cada Gobierno acomoda a su antojo; debemos definir un Plan Nacional con visión a 2050, refrendado por la ciudadanía y que garantice continuidad en las grandes decisiones.
2. Tenemos un Estado que destina una parte excesiva de sus recursos al gasto de funcionamiento, limitando la inversión y el desarrollo. Reducir el gasto a 50% es un reto, porque solo así liberamos recursos para la inversión, el servicio de la deuda y la competitividad como país.
3. Hemos permitido que la corrupción campee y se convierta en un costo permanente para la sociedad. Debemos establecer un sistema de incentivos para premiar la denuncia y duplicar las penas, fortalecer la gobernanza y la transparencia en la contratación, al punto de poder construir el doble con la mitad.
4. Nunca hemos definido con claridad cuáles deben ser los grandes motores del desarrollo nacional que agreguen valor y generen riqueza sostenible; declarar la petroquímica, la agroindustria y la construcción como sectores estratégicos para impulsar la productividad, el empleo y el crecimiento económico es el camino.
5. Nuestro sistema educativo debe responder a las necesidades del futuro y de las familias, y no únicamente a las del magisterio. Debemos implementar el voucher educativo a la demanda como mecanismo para fortalecer la libertad de elección, acabar con la ideologización y elevar el nivel de aprendizaje.
6. Durante años hemos hablado de productividad, pero muy pocas veces hemos reconocido de manera directa el esfuerzo de quienes la generan. Estamos en mora de crear el Bono Laboral a las Utilidades Calificadas como incentivo al trabajo bien hecho.
7. El acceso al crédito continúa siendo una de las principales barreras para el crecimiento de la economía y de las empresas. Establecer una tasa máxima de usura que no supere el doble del costo de captación del sistema financiero facilita la inversión, el emprendimiento y el desarrollo económico.
Estas no son las únicas decisiones que Colombia necesita, pero sí pueden convertirse en el punto de partida para construir una verdadera visión de país con el horizonte puesto en 2050.
¡Traigamos el futuro al presente y hagámoslo realidad!
La nueva realidad exigirá un reordenamiento de la institucionalidad pública y privada, mayor esfuerzo educativo y mayor disciplina social para preservar la democracia liberal y la dignidad como propuestas de convivencia