Analistas

La Alianza, alternativa al proteccionismo

Hace dos semanas tuve el honor de ser invitada a debatir sobre comercio en el foro empresarial EMnet de la Ocde, incluido en el marco del IX Foro Económico de Latinoamérica de ese organismo multilateral, al que Colombia espera sumarse pronto y añadirse a los dos países latinos ya representados en este ‘club de las buenas prácticas’, Chile y México.  Allí, en el panel “¿Un nuevo capítulo para el comercio?” tuve la ocasión de abogar por el libre cambio y defender la integración iberoamericana en un momento en el que en el mundo surgen incertidumbres por las proclamas proteccionistas emitidas desde algunos países desarrollados. 

 Como presidenta del Consejo Empresarial Alianza por Iberoamérica (Ceapi), pude manifestar mi admiración por el modelo de apertura e integración puesto en marcha por la Alianza del Pacífico, entre cuyos fundadores está Colombia. Y destacar sus impresionantes avances, liderados principalmente por el sector privado. Porque en este esfuerzo que abandera la Alianza y que ha realizado un trabajo impresionante de eliminación de barreras en tiempo récord, las empresas han desempeñado un rol estelar, por delante de técnicos y funcionarios.

 El propio BID se ha referido al carácter “ejemplar” de la Alianza (que celebra esta semana en Cali su XII Cumbre) al ponerla de modelo en su propuesta de crear un Área de Libre Comercio de América Latina y Caribe (Alcalc) basada en mecanismos pragmáticos como los de ese grupo. Una iniciativa que el BID juzga necesaria para que la región avance hacia un nuevo arquetipo comercial integrador que ayude a afrontar los retos actuales.

 Creo firmemente que en estos momentos de incertidumbre y de amenazas proteccionistas, los defensores del libre comercio tenemos más que nunca el derecho y la obligación de defender en público que solo a través de la apertura y de la internacionalización nuestras sociedades sentarán las bases de un crecimiento sostenido y del desarrollo social para nuestras naciones.

 Internacionalización, apertura comercial y compromiso son claves. No puedo imaginarme a España afrontando la crisis iniciada en 2008 sin tener internacionalizadas a sus mayores compañías. Ni sin la actitud y el compromiso con el cambio. España inició la crisis con grandes pero poco numerosas multinacionales y la cerró con 150.000 empresas exportando a todo el mundo, con miles de firmas abriendo oficinas en otros países, internacionalizándose.  Hoy, 33% del PIB de España, país poco exportador en el pasado, procede de la exportación. Y lo que es más importante, las compañías son ahora mejores, porque ser globales hace a las empresas más competitivas. Es cierto que el mapa global de comercio y negocios experimentará importantes cambios en el futuro, notablemente derivados del cambio tecnológico, pero lo que no cambiará será la necesidad de internacionalización y de operar en mercados abiertos. 

 Celebro, por otro lado,  el cambio de rumbo que registra Mercosur y que está llevando a este bloque a converger con la Alianza (con la que pergeña ya una ‘hoja de ruta’). Es algo trascendente, especialmente para la Comunidad Iberoamericana, como lo es el Acuerdo de Libre Comercio que la UE y Mercosur tratan de cerrar este año.  Con todo, me pregunto si las llamadas al proteccionismo que crecen en el mundo no acabarán surtiendo el efecto contrario.  Aunque a corto plazo el libre comercio parece estar en riesgo, lo que ahora sucede puede servir de impulso para fortalecerlo con diferentes jugadores y flujos de negocio.