.
Analistas 12/05/2021

¿Protesta legítima?

Maritza Aristizábal Quintero
Editora Estado y Sociedad Noticias RCN

¿Es legítima una protesta que bloquea ciudades, que impide el paso de alimentos, de oxígeno, de ambulancias, que obliga a miles de personas a caminar horas para llegar a casa, que dejó sin ración de alimentos a miles de niños, que tiene sitiados barrios y que por si fuera poco está multiplicando el riesgo epidemiológico por las aglomeraciones y falta de medidas de bioseguridad?

Para dejar las cosas claras, soy de las que cree en el movimiento social como herramienta para conquistar logros y exigir reivindicaciones. Sé también que las protestas no se hacen en las aceras y que deben incomodar para lograr sus cometidos. Pero lo que está pasando en el país excedió todos los límites. Destapemos las cartas: quienes están en las calles ya no son ciudadanos demandando sus derechos o haciendo reclamos genuinos al Estado. Lo que hay es un grupo de personas, llámese minga indígena, estudiantes o sindicatos, en contra del resto de colombianos. Están regodeándose por hacerle daño a los demás, no les importa molestar a otros ciudadanos y al contrario se jactan de perturbarlos.

Y no estoy hablando de la horda de vándalos que ha destruido y saqueado ciudades, eso ni siquiera es protesta, es terrorismo urbano. Me refiero quienes salen a las calles y bloquean avenidas sin importar que miles de personas tengan que caminar hasta cinco horas para llegar a sus hogares a descansar, a ver a sus familias a comerse un plato de comida caliente ¡Eso no es una protesta legítima! Tampoco lo es bloquear carreteras. Por cuenta de ello hay desabastecimiento de pollo, carne y huevos; se están encareciendo varios productos de la canasta familiar y se han perdido miles de toneladas en cosechas; no ha llegado el oxígeno a clínicas y hospitales y se ha impedido el paso de misiones médicas; un millón de niños entre los cero y cinco años no ha recibido la bienestarina, fundamental para su crecimiento, y ni qué decir del lamentable caso de un bebé en gestación que murió en una ambulancia a la que bloquearon por horas ¡Eso no se puede llamar una protesta legítima!

Las dos semanas de paro además han desviado los esfuerzos contra nuestro verdadero y más grande enemigo: la pandemia. Por cuenta de las protestas se ha tenido que suspender el proceso de vacunación en algunas regiones, sin mencionar la bomba epidemiológica que significarán las aglomeraciones con mínimas condiciones de bioseguridad.

Y ahora qué decir de la minga que ha ejercido la extorsión y el secuestro. Los indígenas tienen cercados a los habitantes de Cali y han bloqueado el ingreso a la ciudad cobrando “peaje” para permitir la movilidad de quienes viven allí. Las personas perdieron hasta el derecho básico de salir a conseguir suministros y comida ¡Eso no es una protesta legítima!, es más, está más cerca del vandalismo y operan casi como una pandilla urbana.

Y hay algo que deslegítima aún más la protesta: el silencio. Por más pacífica que sea una manifestación, aunque sea una “marcha de acera”, el no rechazo al vandalismo, a la destrucción de las ciudades, al saqueo de locales comerciales, al ataque de los CAI o al intento de quemar vivos a los policías, los hace cómplices. Su indiferencia da rienda suelta a los violentos que interpretan su mudez como apoyo. Sí, ya van 15 días de paro nacional, pero de protesta legítima queda muy poco.