.
Analistas 03/03/2021

¿El nuevo orden mundial?

Maritza Aristizábal Quintero
Editora Estado y Sociedad Noticias RCN

Y quedamos a merced de una fórmula magistral de 1,3 mililitros: la vacuna. Después de una pandemia que puso en jaque a todos los gobiernos del mundo la única puerta de paso para volver a la normalidad es esa pequeña y valorada dosis. Y ahora la diplomacia, la política migratoria y las relaciones internacionales se mueven en clave de “vacuna”. Por una vacuna se han vuelto más flexibles los principios democráticos, se tejen nuevas redes de aliados e incluso se nos puede olvidar, por momentos, que estamos negociando con países no democráticos.

Y si no, vean lo que está haciendo China. El gigante asiático, el enemigo velado de Estados Unidos, un país comunista, unipartidista y para decirlo con todas sus letras, una dictadura hegemónica a la que el mundo se ha visto obligada a aceptar y con la que tiene que convivir. Pues esa misma China, donde se originó el virus, ahora está surtiendo de vacunas al mundo.

A Colombia, que, aunque negoció 35 millones, se estaba quedando colgada para iniciar el plan de vacunación, el país asiático le lanzó un salvavidas y al final de esta semana le hará entrega de 2 millones de dosis. También le vendió otros 10 millones, con lo que ese régimen se convierte en el mayor proveedor del inmunológicos a nuestro país. Y esto no fue gracias a una negociación entre los técnicos y los laboratorios. No. Fue después de un diálogo directo entre los presidentes Iván Duque y Xi Jing Ping. Un hecho que no es irrelevante cuando el mundo se levanta de una de las más profundas crisis del último siglo abriendo paso a un nuevo orden internacional.

Y ahora esto, para cerrar el extraño círculo diplomático. Aunque hace menos de un mes los titulares en nuestro país hablaban de funcionarios rusos expulsados por espionaje, rápidamente esas noticias se esfumaron y fueron remplazadas por otras donde la protagonista lleva el nombre de Sputnik V. Rusia, que valga decirlo no es precisamente un ejemplo de democracia o libertad de expresión, tiene ahora un poder mayor de negociación que está por encima de cualquier escándalo de espionaje: tiene vacunas. La Sputnik, que al principio no prometía nada, porque el único que daba crédito de su eficacia era el Kremlin, resultó ser una joya en la corona; tiene una eficiencia superior a 90% y hoy es tal la demanda en el mundo que ni siquiera hay cómo producir a esos volúmenes. Un momento no poco despreciable para Putin, porque mientras sacia esa necesidad del fármaco, aprovecha para afianzar y establecer relaciones internacionales.

Por si fuera poco, en este nuevo lenguaje diplomático, ahora surge el pasaporte de vacunación. Ojo, porque usted no va a poder hacer nada, ni entrar a cine o a un supermercado, o incluso ser contratado en una empresa si no certifica que fue vacunado. Es una forma velada de convertir la vacunación voluntaria en obligatoria. El problema es que ese mismo pasaporte en pocos días lo empezarán a exigir otros países para permitir el ingreso de viajeros. Si Colombia no se da prisa con el plan de vacunación, por lo menos este año tendremos las puertas cerradas en gran parte del mundo.

Así es, la vacuna será la moneda de cambio en el mundo. No pasará mucho para que el índice de inmunización también sea la medida del desarrollo o atraso en cada país.