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ANALISTAS 21/05/2026

Revolución industrial en un gobierno progresista

Mario Alejandro Valencia
Docente universitario. Ex subdirector general del Departamento Nacional de Planeación
Mario Alejandro Valencia

Colombia tiene casi 3.000.000 de empleos industriales, que son un motor de prosperidad y bienestar nacional. Aproximadamente 140.000 nuevos empleos de este sector se han creado durante el actual gobierno, lo que ha contribuido a que estos ingresos incrementen el consumo de los hogares y reduzcan la pobreza. La tenacidad empresarial del país y el avance en la reconstrucción de un ambiente propicio para la reindustrialización son condiciones en el camino para recuperar el orgullo por la producción nacional.

Esta no es una tarea menor ni subsidiaria. La industria no es un sector más de la economía. Dani Rodrik ha planteado que todos los países desarrollados usaron política industrial. Para no caer en reduccionismos sobre un tema tan complejo, podría decirse que sería muy difícil desarrollar a Colombia sin política industrial. Lo que esto significa es que el avance de la sociedad en su conjunto puede estar ligado a la ejecución de procesos complejos de transformación de materiales, energía, trabajo y capital, en el desarrollo de las capacidades productivas de los países. Asimismo, la inteligencia humana vinculada a innovar y mejorar los procesos industriales, que tienen una base científica y una aplicación técnica y tecnológica, es fuente de creación de riqueza de las naciones.

Así ha sido desde la revolución industrial del siglo dieciocho hasta nuestros días. La reciente reunión de los presidentes de los dos países más industrializados del planeta, con sus discusiones y la competencia entre sus industrias, ayuda a confirmar esta premisa.

Esto no lo comprenden De la Espriella ni Valencia. La propuesta económica de De la Espriella no es el futuro ni el progreso, sino retroceder al extractivismo bajo un modelo libertario que incluso en la teoría resulta ridículo: la separación absoluta del Estado y el mercado. La de Valencia ni siquiera habla de industria, sino que revive políticas implementadas en 2007, 2013, 2015 y 2016 por las mismas personas que hoy conforman su equipo económico: instrumentos horizontales para especuladores, importadores, intermediarios e industriales, como si fueran lo mismo. Son promesas del pasado que condujeron a la desindustrialización: tratados de libre comercio, reformas tributarias regresivas, diseño institucional antiproducción, arrebatar el mercado interno a los productores nacionales, exportación de recursos naturales sin transformación, que no desarrollaron al país ni lo hicieron más productivo ni más competitivo. Son nostálgicos del atraso que se desligó de la producción y del trabajo.

Quizás algunos empresarios productores, los de la economía real, no se den cuenta de esta situación y alberguen la ilusión de que quienes orquestan la trampa sean quienes los salven. Corresponde al mundo del trabajo, no solo a esos empleos industriales sino a toda la fuerza laboral del país, defender y profundizar la reindustrialización emprendida en el actual gobierno.

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