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Analistas 07/10/2021

Trabajar así o asá

María José Zuleta González
Profesora Inalde Business School

Con la época de encierro y el miedo a los contagios apareció una manera distinta y, de alguna manera, generalizada, de trabajar: en casa, con horarios distintos y a través de plataformas virtuales. Todo esto puso de nuevo sobre la mesa la conversación acerca del trabajo flexible, la manera de armonizar el ámbito familiar con el laboral, así como las nuevas facetas en los estilos de los jefes y de los subalternos, la confianza, la duda, la responsabilidad y el abuso. Es un tema difícil, lleno de aristas complicadas y puntiagudas, porque cada persona actúa como quiere, aunque haya políticas laborales claras y definitivas.

Siempre recuerdo una situación en la que hubo una evaluación 360 y un miembro de un equipo de trabajo calificó muy mal a su jefe. Como eran pocos, el jefe le preguntó sobre su opinión y el empleado explicó su disgusto por no haber sido asignado a una capacitación. El jefe, por su parte, le explicó de todas las maneras posibles que durante sus vacaciones (las del empleado) no podía asignarlo, pero el descontento no desapareció.

Algo similar ocurre ahora con esta posible flexibilidad laboral y dependiendo de la sensación de cada uno, se ve la posibilidad de trabajar en casa o no y, por lo general “culpamos” a otros de nuestras ausencias, de nuestras obligaciones. Con frecuencia escuchamos afirmaciones en una u otra línea frente al trabajo y a la familia: “¿Pero cómo, usted otra vez pide permiso? ¿Es que es único hijo?” o: “Yo no puedo llevarlo, tengo que trabajar”.

La vida laboral debe ser grata y hacerla grata depende de la sinceridad, de la comprensión y de la compasión. No se trata de la vergüenza, sino de la sinceridad, solo pido u otorgo lo justo, lo adecuado. Todos tenemos esa necesidad de comprender y de ser comprendidos, sentir amabilidad y comprensión nos llena y también nos lleva ayuda a ser más empáticos y correctos, pero no podemos abusar de ello. La flexibilidad laboral necesita de la confianza del que la otorga y de la responsabilidad del que la disfruta.

El modelo de trabajo flexible y la demostración de la versatilidad de internet durante la pandemia nos llena de preguntas y de posibilidades. En este sentido, hagamos preguntas de fondo al interior de cada uno:

Si soy jefe:
¿Confío en el trabajo de las personas en casa?
¿Creo que los resultados que puedo observar son suficientes?
¿Estoy dispuesto a comprender las necesidades de tiempo de la gente que trabaja conmigo?
Si soy empleado:
¿Soy capaz de trabajar y producir desde mi casa?
¿Aprovecho el tiempo para trabajar y producir y para cuidar y servir?
¿Si yo fuera mi jefe confiaría en mí?
Los tiempos de trabajo deben ser diferentes porque los trabajos son diferentes: hay labores que no pueden realizarse en tiempos elegidos. La operación define los tiempos y en algunos casos no hay muchas opciones: vendedores en tienda, atención al cliente, construcción, docencia, entre otros. Hay otras labores que permiten una cierta flexibilidad temporal: contaduría, inventarios. Pero, naturalmente, la flexibilidad a veces se percibe como una disposición injusta e inequitativa.

Los procesos de flexibilidad requieren de una importante y profunda capacitación previa porque además de servir de manera individual pueden ser base de complejas situaciones en el clima organizacional de una empresa.

La decisión de repartir en tiempo de manera adecuada y satisfactoria entre la vida familiar y la vida laboral responde a la decisión personal de establecer una lista de prioridades en las acciones personales diarias. La empresa nos puede ofrecer flexibilidad, usarla de la manera correcta, adecuada y ética depende de cada uno.