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ANALISTAS 04/10/2025

Moverse limpio: la huella que ya se siente

María Fernanda Ortiz
Gerente general de TransMilenio

Bogotá ha dejado de soñar con buses eléctricos para empezar a madrugar con ellos. Cada mañana, el zumbido casi imperceptible de nuestra flota cero emisiones recuerda que la sostenibilidad ya no es un deseo remoto, sino una realidad que rueda por la ciudad. No hablamos de promesas, hablamos de resultados medibles que impactan la salud y la calidad de vida de millones de personas.

Hoy, 4.924 vehículos de cero y bajas emisiones representan 46,86 % de la flota y han evitado más de 2,6 millones de toneladas de CO. La transición energética ha significado, además, una reducción de 93% en partículas PM10 entre 2008 y 2022. Cada kilómetro eléctrico es un respiro colectivo que se traduce en menos consultas médicas y más bienestar.

Pero la energía limpia no solo impulsa la movilidad: también alimenta nuestra infraestructura. Los techos solares instalados en patios como El Uval, El Refugio y Usme II ya generan 185.000 kWh anuales (lo mismo que consumen cerca de 100 hogares), cubriendo hasta 57% del consumo en algunos casos. Y el piloto del Portal Eldorado avanza hacia la autosuficiencia energética, mostrando que cada cubierta puede convertirse en fuente de luz y ahorro para el Sistema.

La economía circular es otra palanca. Con la colección ‘Fragmentos’, que lanzamos con el diseñador Alejandro Crocker, reutilizamos 1.146 uniformes, evitando 1 t de CO₂, 1.870 m de agua y 3.170 kWh de energía, con la ayuda de manos de mujeres en situación de vulnerabilidad. Más que moda sostenible, es una declaración: en TransMilenio nada se desperdicia si puede transformarse en valor social y ambiental.

Frente a la emergencia hídrica aprendimos que cada gota cuenta. Reducir los lavados intensivos de buses a una vez por semana nos ahorró 55.000 m de agua, y el aseo seco en estaciones sumó otros 20.000 m³de ahorro, cerca de 30 piscinas olímpicas en total. Ajustar grifos, reparar fugas y usar insumos biodegradables demostró que la eficiencia hídrica es compatible con la pulcritud que nuestros usuarios merecen.

Cada mes, las estaciones Ricaurte y Banderas, junto a los nueve portales del sistema, generan en promedio dos toneladas de residuos aprovechables. Son papeles, cartones, botellas, metales y plásticos que antes terminaban en el relleno Doña Juana y que hoy son cuidadosamente separados y entregados a asociaciones de recicladores con las que se tienen convenios vigentes. Por su parte, la flota utiliza llantas industriales de alto costo ambiental que se someten a procesos de reencauche hasta el límite de su vida útil. Luego, cuando ya no pueden rodar más, se entregan a gestores ambientales en esquemas de posconsumo, donde son aprovechadas como materia prima para otros productos.

La sostenibilidad no es un capítulo aparte de la operación. Estas acciones prueban que un sistema masivo puede mover personas y, al mismo tiempo, ideas que cuidan el planeta. Aún faltan kilómetros por recorrer en la lucha contra la crisis climática -más infraestructura solar, 680 nuevos buses eléctricos entre 2026 y 2027-, pero cada amanecer con menos humo confirma que vale la pena madrugar por Bogotá.

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